El final que nadie entendió: Por qué Goku abandonó a su familia en el último capítulo de 'Dragon Ball Z'
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

El final de 'Dragon Ball Z' no habla de abandono. Habla de ciclos, de maestros y alumnos. De entender cuándo tu papel ya no es estar al frente, sino preparar a quien sigue.

Si algo hay que ser honesto con Dragon Ball Z es que Goku jamás ganó un premio a mejor esposo ni a padre ejemplar. A veces el héroe de Akira Toriyama parecía más interesado en entrenar que en llegar a cenar. Tampoco, nunca entendió muy bien cómo funcionan los besos y, en más de una ocasión, dejó a su familia sola para ir a pelear quién sabe dónde. Para muchos fans, eso no es encanto: es negligencia pura.

Y si hablamos de crianza, hay que decirlo sin rodeos. Piccolo fue quien hizo gran parte del trabajo pesado con Gohan: lo entrenó, lo cuidó, lo regañó y, de paso, le enseñó a sobrevivir. Kakarotto siempre estuvo intermitente con sus hijos, pero eso sí, siempre tenía la disponibilidad para salvar el mundo.

Por eso, cuando llegó el último episodio de Dragon Ball Z, muchos se quedaron con la ceja levantada. Tras años de batallas, sacrificios y amenazas cósmicas, el cierre parecía extraño. No hubo una despedida tradicional, ni una escena familiar emotiva. En su lugar, Goku toma una decisión que suena durísima: irse con Uub.

La decisión que no fue abandono

Aunque podría parecerlo, el final es menos frío de lo que parece. Goku no se va porque esté cansado de su familia ni porque huya de responsabilidades. Se va porque reconoce algo más grande que él mismo: su papel como maestro y protector del futuro. Al marcharse con Uub, Goku entiende que ha llegado el momento de pasar la antorcha.

Uub no es solo un niño con potencial. Es la reencarnación del mal derrotado, una fuerza enorme que necesita guía para no desviarse. Goku ve en él lo que otros vieron alguna vez en Gohan y lo que él mismo fue: un guerrero con poder suficiente para cambiar el rumbo del mundo. Entrenarlo no es un capricho, es un deber.

Goku como maestro, no como padre

Aquí está la clave que muchos pasaron por alto. Goku nunca fue un hombre de rutinas ni de estabilidad. Su verdadera vocación no es la vida doméstica, sino el entrenamiento, el aprendizaje constante y la búsqueda de rivales que lo obliguen a superarse. Desde el inicio de la serie, su rol ha sido el de alumno y luego, el de maestro.

Con Uub, Goku asume ese rol por completo. No se trata de irse para siempre ni de desaparecer. Su familia está a salvo, la Tierra vive una era de paz y hay nuevos protectores listos. Su presencia constante ya no es necesaria pero su enseñanza sí.

El adiós que no es definitivo

Además, Goku no corta lazos. No hay un "nunca volveré". Él sabe perfectamente cómo regresar, cuándo hacerlo y por qué. Su despedida no es trágica porque, para él, no es una despedida absoluta. Es solo otro viaje de entrenamiento, como tantos otros. Solo que ahora con un alumno que representa el futuro.

Milk, Goten, Pan y compañía no quedan desamparados. Al contrario, viven en un mundo que Goku ayudó a construir y proteger durante décadas. Su misión, por primera vez, no es reaccionar a una amenaza, sino prevenirla.

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