El villano más aterrador: por qué el diseño de Cell sigue siendo la obra de arte más inquietante de todo 'Dragon Ball'
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Este ser de 'Dragon Ball' no solo fue un villano poderoso. Fue una declaración visual. Una que nos hace pensar que algo no está bien.

En Dragon Ball, hay villanos que asustan por lo que hacen, otros por lo que dicen y luego están esos pocos que inquietan desde el primer segundo en pantalla. En el anime de Akira Toriyama ha habido de todo: tiranos galácticos, demonios antiguos, máquinas con complejo de superioridad, pero solo uno logró provocar una sensación constante de incomodidad.

Este ser maligno no era solo fuerza, ni maldad pura, era otra cosa. Una presencia rara, antinatural, como si no perteneciera del todo a ese mundo de artes marciales, gritos y transformaciones llenas de energía. Cada aparición dejaba la impresión de que algo estaba mal, aunque no supieras explicar exactamente qué.

Un cuerpo construido con los mejores (y peores) fragmentos

A diferencia de otros antagonistas de la saga, Cell no buscó imponerse con gritos ni discursos. Su sola silueta ya generaba alerta desde que apareció. Hay un instinto casi biológico en cómo se presentó ante los Guerreros Z, como si se hubieran encontrado a un depredador que evoluciona frente a nuestros ojos sin pedir permiso.

Y todo se debe al diseño biológico de Cell, que es na de las ideas más perturbadoras que haya tenido Akira Toriyama. No se trata de un enemigo nacido, sino fabricado. Creado a partir del ADN de algunos de los guerreros más poderosos del universo: Goku, Vegeta, Piccolo, Freezer y King Cold, entre otros.

Eso significa que no solo hereda técnicas y fuerza, sino que también carga con rasgos visuales, comportamientos y una identidad fragmentada. Cell no es "alguien", sino muchos al mismo tiempo. Y eso se nota en su su mirada, en su postura, en esa sensación de que nunca sabes qué parte va a tomar el control.

Tres formas, una evolución inquietante

Cada transformación de Cell no es solo un aumento de poder. Es un cambio de lenguaje visual. Su forma Imperfecta es probablemente la más perturbadora: alargada, casi insectoide, con movimientos extraños y una manera de atacar que roza lo grotesco.

La forma Semi-Perfecta parece más cercana a un guerrero tradicional, pero sigue siendo incómoda. Hay algo extraño en su volumen, como si el cuerpo aún no encajara del todo. Es fuerte pero sigue viéndose "mal armado".

Y luego llega la forma Perfecta. La más limpia, estilizada y peligrosa. Y el truco está en que, cuanto más perfecto se vuelve, menos monstruoso parece y eso lo hace todavía más aterrador. Porque ya no es una bestia sino una amenaza consciente.

El miedo a lo artificial

Lo que hace único a Cell dentro de Dragon Ball es que representa un miedo muy humano: el de lo creado en laboratorio. No es un demonio ancestral ni un emperador del espacio. Es el resultado de la obsesión científica llevada al extremo. Un experimento que salió "demasiado bien".

Su diseño mezcla elementos orgánicos con líneas limpias, casi mecánicas. No termina de ser una cosa ni la otra. Y justo ahí está el problema: nuestro cerebro no sabe cómo clasificarlo. Y cuando no puede clasificar algo, se incomoda.

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