La próxima vez que veas los seis puntos de la frente de Krillin, ya sabes que no son decoración ni una moda pasajera.
Hay detalles en Dragon Ball que están tan integrados al diseño de los personajes que dejamos de cuestionarlos. Akira Toriyama los dejó ahí desde siempre, haciéndolos parte del paisaje visual. Y de tanto tenerlos en frente, en ocasiones se vuelven invisibles, hasta que un día alguien lo menciona y ya no puedes dejar de pensarlo.
Uno de esos casos es Krilin. El mejor amigo de Goku, el guerrero humano más querido del anime, y el que siempre vuelve aunque lo hayan derrotado veinte veces. Krilin es bajito, calvo y tiene seis puntitos en la frente que nunca desaparecen, ni siquiera cuando deja de ser un niño y se convierte en esposo y padre de familia.
Durante años, muchos fans asumieron que eran simples marcas decorativas o un rasgo más del diseño clásico de Dragon Ball. Otros pensaron que eran heridas, lunares o algo por el estilo. Pero la verdad detrás de esos puntos es mucho más interesante y mucho más antigua de lo que uno imagina.
Un diseño que no fue por accidente
Antes de entrenar con el Maestro Roshi, de los torneos, las Esferas del Dragón y las batallas imposibles, Krilin tuvo otra vida. Una que la serie menciona solo de pasada pero que dejó una marca permanente en su cuerpo.
Los seis puntos en la frente de Krilin no son lunares ni heridas de combate. Son cicatrices, más específicamente, de quemaduras de incienso conocidas como jieba.
Estas marcas provienen de su entrenamiento como monje en el Monasterio Duolin, un lugar ficticio dentro del universo de Dragon Ball, pero se inspiraron en los templos Shaolin reales. Durante su iniciación, los monjes se someten a un ritual donde se colocan varillas de incienso encendidas sobre la frente.
El objetivo no es castigar, sino simbolizar disciplina, compromiso y renuncia. Y cada punto representa un voto espiritual. Pero lo curiosos es que tradicionalmente, los monjes Shaolin llevan entre nueve y doce marcas y Krilin solo tiene seis.
Lo que dicen (y lo que no) esos seis puntos
Que Krilin tenga seis marcas implica algo muy concreto: no completó todos los votos espirituales. Es decir, abandonó su formación antes de concluir por completo su camino monástico. No porque fuera débil, sino porque eligió otro destino.
Los votos que simbolizan estas marcas están ligados a principios como eliminar malos hábitos, cultivar el conocimiento, ayudar al prójimo y mantener la disciplina personal. Krilin cumplió algunos pero no todos. Y cuando llega con el Maestro Roshi, Krilin ya no es un monje, pero tampoco es un guerrero completo. Está en transición y sus cicatrices lo delatan.
Un detalle que Toriyama tomó del mundo real
El propio Akira Toriyama diseñó a Krilin basándose claramente en los monjes Shaolin: cabeza rapada, complexión delgada, disciplina física y ese detalle inconfundible en la frente.
Lo interesante es que, a diferencia de otros rasgos que cambian con el tiempo, como su ropa, y peinados, los puntos nunca se borran. Krilin puede dejar de ser monje, pero su pasado sigue ahí, literalmente grabado en su piel.