Tim Burton sorprendió al mundo con este remake de 100 millones de dólares, ahora es considerado un clásico de ciencia ficción
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Tim Burton no jugó a lo seguro. Apostó por su estilo, y aunque el mundo tardó en reconocerlo, el tiempo terminó dándole la razón.

Hablar de Tim Burton es hablar de un autor con un universo propio. Uno que no se parece a ningún otro y que, para bien o para mal, nunca pasa desapercibido. Produjo El extraño mundo de Jack, una cinta que con los años se volvió ritual de Halloween y Navidad. Reinventó un clásico con Charlie y la fábrica de chocolate, y convirtió a Beetlejuice en uno de los personajes más icónicos del cine fantástico.

La realidad es que Burton siempre ha tenido esa capacidad: tomar algo conocido y pasarlo por su filtro personal. Por eso, cuando a principios de los 2000 anunció que iba a dirigir un remake millonario de una saga mítica de la ciencia ficción, la reacción no se hizo esperar. Expectativa, dudas, emoción y también miedo. Porque tocar ciertos clásicos, prácticamente es jugar con fuego y Burton lo sabía.

El proyecto que dividió al público

El presupuesto para El planeta de los simios fue enorme: más de 100 millones de dólares. El encargo fue delicado. ¿La razón? el recuerdo del original, intocable para muchos. Aun así, Burton aceptó el reto y se lanzó a reinterpretar una historia que ya estaba grabada en la memoria colectiva.

Hoy, más de dos décadas después, la cinta es vista con otros ojos. Y muchos ya la consideran un clásico "moderno" de la ciencia ficción.

Un viaje que sale terriblemente mal

La historia arranca en el año 2029. Leo Davidson, un astronauta interpretado por Mark Wahlberg, participa en una misión aparentemente rutinaria desde una estación espacial. Todo parece bajo control hasta que no lo está.

Un desvío inesperado lo lanza a través de un agujero negro y lo deposita en un planeta desconocido llamado Ashlar, en el año 5021. Ahí, Leo descubre una realidad inquietante: los simios dominan el mundo. Hablan, montan caballos, gobiernan ejércitos y los humanos son poco más que esclavos.

Simios, poder y rebelión

En ese mundo hostil, Leo encuentra aliados inesperados. Entre ellos, Ari, una chimpancé activista que cuestiona el orden establecido, y un pequeño grupo de humanos que todavía se resisten a aceptar su destino. Juntos intentan escapar del control absoluto de los simios.

Del otro lado está el general Thade, interpretado por Tim Roth, un villano feroz, violento y profundamente burtoniano. La tensión entre ambos bandos crece hasta desembocar en una carrera desesperada hacia la Zona Prohibida. Ahí, en un templo antiguo, se esconden los secretos del pasado de la humanidad y una revelación que cambia por completo la lectura de la historia.

El sello Burton en cada rincón

Más allá del guion, lo que distingue a esta versión es su estética. El maquillaje prostético real sin depender del CGI, es impresionante incluso hoy. Cada simio tiene personalidad, gestos, expresiones. Nada se siente genérico.

Burton apostó por un tono más oscuro, más extraño, menos solemne que el original. No quiso copiar, sino reinterpretar. Y eso, aunque polémico en su momento, es justamente lo que ha permitido que la película envejezca con dignidad.

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