Ryan Gosling, después de conquistar al público como ícono pop, ahora parece dispuesto a ponerlo a prueba con una historia que exige presencia.
Ryan Gosling lleva años demostrando que no se queda quieto. Cuando parece que ya entendimos su lugar en Hollywood, cambia de carril sin avisar. En los últimos años, lvimos convertirse en un fenómeno pop absoluto como Ken en Barbie, robarse escenas y convirtiéndose en nominado al Premio Oscar enteras. Luego dio el salto a la acción con Profesión peligro, confirmando que también sabe jugar en el terreno del entretenimiento puro.
Con ese impulso, muchos esperaban que Gosling siguiera por la misma línea: películas ágiles, fáciles de consumir y diseñadas para viralizarse en clips de 30 segundos. Pero no. En lugar de eso, el actor decidió dar un giro que nadie vio venir y apostar por algo mucho más ambicioso, denso y, para algunos, insoportable.
Porque su siguiente proyecto no apunta a la gratificación inmediata. Apunta a algo que hoy parece casi un pecado: pedirle tiempo y atención al espectador.
El salto inesperado a la ciencia ficción dura
Ryan Gosling será el protagonista de Project Hail Mary, adaptación de la novela homónima de Andy Weir, el mismo autor de Misión rescate. Desde que se anunció el proyecto, el entusiasmo fue inmediato pero también lo fue la preocupación.
No por la historia en sí, ni por el reparto. La inquietud viene de otro lado: la duración, el tono y la complejidad de la película. En una época dominada por videos verticales, reels infinitos y narrativas comprimidas al extremo, una cinta de ciencia ficción extensa y reflexiva generó una pregunta: ¿la podrá aguantar el público? Y más específicamente: ¿aguantarán las nuevas generaciones?
TikTok, atención fragmentada y ansiedad colectiva
Vivimos en la era de TikTok, donde "saltarse el intro" es la regla y no la excepción. Si algo no engancha en 10 segundos, entonces "no sirve". Y las nuevas preferencias de consumo han cambiado radicalmente la forma en que muchas personas se relacionan con las historias audiovisuales.
No es que las nuevas generaciones no puedan concentrarse. Es que están entrenadas para consumir de otra manera: narrativas rápidas, estímulos constantes y recompensas inmediatas. Frente a eso, una película que se toma su tiempo puede sentirse casi intimidante.
En redes, ya hay comentarios de fans que expresan ese miedo. No a que la película sea mala, sino a que sea demasiado larga y lenta. En pocas palabras, demasiado "difícil" para el estándar actual.
Un riesgo necesario
Lejos de ser un error de cálculo, la elección de este proyecto parece una postura clara. Gosling no está huyendo del momento cultural actual: lo está desafiando. Está apostando por una película que no se consume en fragmentos, que no se explica en clips y que no busca viralidad inmediata.
En cierto sentido, Project Hail Mary se siente como una prueba para el público, la industria y para el propio actor. La realidad es que todavía hay espacio para la ciencia ficción en la que se tiene que pensar. Para historias que no te llevan de la mano todo el tiempo. Y para películas que confían en que el espectador puede y quiere involucrarse.