Compra pañuelos antes de darle play a esta joya escondida en Prime Video, porque no perdona emoción alguna.
A estas alturas, Timothée Chalamet ya no necesita presentación. Pasó de ser "la promesa" a convertirse en uno de los rostros más fuertes de su generación. Lo vimos conquistar el cine de autor con Llámame por tu nombre, dominar la ciencia ficción con Duna, sorprender con su carisma en Wonka y ahora generar conversación con proyectos tan inesperados como Marty Supreme.
Chalamet tiene algo especial: esa capacidad de verse frágil incluso cuando interpreta personajes enormes. Siempre hay una grieta emocional, algo que vibra detrás de la mirada. Y aunque muchos lo asocian con grandes producciones o romances memorables, hay una película suya que pasa más desapercibida y que probablemente sea la más devastadora de todas.
El retrato más crudo de Chalamet
La película es Beautiful Boy: siempre serás mi hijo, un drama basado en hechos reales que muestra uno de los rostros más duros de la adicción. Aquí, Chalamet interpreta a Nic Sheff, un joven brillante, sensible y aparentemente lleno de posibilidades, que poco a poco se va perdiendo en el consumo de drogas.
La historia se cuenta desde la mirada del padre, David Sheff, un hombre que genuinamente intenta hacerlo todo bien. Ama a su hijo, lo apoya y lo cuida. Pero el amor, por sí solo, no siempre es suficiente.
Cuando el amor no basta
David cree que ha fallado. Se cuestiona cada decisión, cada error, cada momento en el que quizá no estuvo. El divorcio, los cambios, la confusión emocional y todo parece haber empujado a Nic a un lugar oscuro del que no logra salir.
La película no romantiza la adicción. No la vuelve "interesante" ni "artística". La muestra como lo que es: repetitiva, destructiva y agotadora. Tanto para quien la vive como para quienes intentan rescatarlo desde afuera.
Nic no es un villano ni un mártir. Es un joven roto que no encuentra la forma de sostenerse en el mundo. Y eso es lo que vuelve todo tan doloroso.
La actuación que muchos consideran la mejor de Chalamet
Aquí no hay poses ni momentos diseñados para lucirse. Chalamet se entrega por completo. Está frágil, nervioso y perdido. Hay escenas donde basta verlo respirar para sentir la angustia. No actúa el sufrimiento: lo transmite.
Por algo esta interpretación lo colocó definitivamente como uno de los actores jóvenes más respetados de su generación. Beautiful Boy no termina cuando aparecen los créditos. Se queda contigo en silencios incómodos y en esa pregunta que no tiene respuesta: ¿hasta dónde puedes ayudar a alguien que no logra ayudarse a sí mismo?