Convertirse en personaje jugable de un videojuego de peleas no es poca cosa. Es una señal clara de impacto cultural. Y Bad Bunny lo logró antes de uno de los momentos más grandes de su carrera.
Bad Bunny no llegó al Super Bowl solo como artista invitado o celebridad de moda. Llegó como un fenómeno cultural que ya había cruzado prácticamente todos los territorios posibles: música, moda, cine y también los videojuegos. Mientras millones se prepararon para verlo dominar uno de los escenarios más grandes del planeta, vale la pena recordar que antes Benito ya había entrado a otro ring igual de simbólico.
Porque no todos los músicos pueden presumir algo así. No se trata de un cameo rápido ni de una referencia escondida. Hablamos de un personaje jugable, con movimientos propios, presentación especial y el respaldo de una de las franquicias más grandes del entretenimiento deportivo.
El salto definitivo a la arena digital
El videojuego es WWE 2K23, y la inclusión de Bad Bunny no fue un simple guiño publicitario. Su personaje llegó como parte del contenido especial para quienes reservaran el juego, con atuendo, animaciones y presencia propias.
Pero nada de esto es casualidad. Bad Bunny llevaba tiempo involucrado con la WWE, apareciendo en eventos, subiendo al ring y ganándose el respeto de los fans de la lucha libre. Su salto al videojuego fue la extensión natural de esa relación con el deporte.
John Cena al frente de todo
El videojuego también tiene otro peso pesado: John Cena como la figura central. Cena fue elegido para la portada de las tres ediciones del título: Standard, Deluxe e Icon.
Este detalle no fue menor. Se trató apenas de la segunda ocasión en la que John Cena protagonizaba la carátula de un juego de la saga, algo que no ocurría desde WWE 2K15. Su regreso al frente del videojuego marcó el tono nostálgico de la entrega que necesitaba para resonar entre los fans.
De los escenarios a las consolas
Lo interesante de este movimiento es lo que representa. Bad Bunny no fue incluido como simple marketing. Fue tratado como parte del universo WWE, algo que pocos artistas pueden decir. No es común que un músico termine convertido en personaje jugable dentro de una franquicia de peleas con décadas de historia.
Para muchos fans, fue también una puerta de entrada. Gente que quizá no seguía la saga de videojuegos se interesó solo por verlo ahí. Y quienes ya eran jugadores habituales entendieron que la WWE estaba apostando fuerte por conectar con nuevas generaciones.
Visto en retrospectiva, todo encaja. La aparición de Bad Bunny en WWE 2K23 fue otro paso más en una carrera que no deja de expandirse. Del ring virtual al escenario real del Super Bowl, pasando por el cine y la música, su presencia se ha vuelto imposible de ignorar.