A veces, incluso las obras maestras tienen pequeños defectos. Y en este caso, eso solo las hace más humanas.
Hablar de Breaking Bad es hablar de un antes y un después en la televisión. La serie no solo convirtió a Bryan Cranston y Aaron Paul en íconos culturales, también redefinió lo que podía ser un drama televisivo: oscuro, incómodo, brillante y adictivo. Tan fuerte fue su impacto que su universo no terminó con el último episodio.
La historia se expandió con dos spin-offs que hoy también son referentes: El Camino: A Breaking Bad Movie, que cerró el arco de Jesse Pinkman, y Better Call Saul, una precuela que muchos consideran incluso tan buena como la serie original. Pocas franquicias televisivas pueden presumir algo así.
Con ese nivel de perfección narrativa, cuesta creer que alguien dentro del equipo tenga algún arrepentimiento. Pero resulta que sí y es tan pequeño como inesperado.
El error confesado por su creador
Fue el propio Vince Gilligan, creador de la serie, quien admitió un error durante una charla con Variety, realizada para conmemorar el décimo aniversario del final de Breaking Bad. El showrunner se mostró orgulloso del trabajo del equipo, del arco de los personajes y del cierre de la historia, pero reconoció un fallo muy básico que se arrastró durante toda la serie.
Según Gilligan, hubo un detalle que nunca corrigieron y que, visto desde la realidad, no encaja del todo con la vida que llevaba Jesse Pinkman: sus dientes eran demasiado perfectos. Para un personaje que recibe constantes golpes, vive al límite y pasa años consumiendo metanfetamina, esa sonrisa impecable no sería precisamente realista.
En palabras del propio creador, si alguien con ese historial existiera en la vida real, su dentadura difícilmente se vería tan bien. Es un detalle mínimo pero uno que rompe ligeramente la lógica del personaje.
Cuando el realismo se enfrenta a la televisión
Lo curioso es que Breaking Bad siempre fue obsesiva con los detalles. Desde la química hasta la evolución emocional de sus personajes, todo parecía calculado. Por eso sorprende que algo tan visible pasara desapercibido durante años.
Pero también es un recordatorio de cómo funciona la televisión. Hay límites prácticos: maquillaje, continuidad y tiempos de rodaje. Dañar la dentadura de un actor de forma permanente o exagerada no siempre es viable, por más realista que suene en papel.
Jesse Pinkman, demasiado humano para ser perfecto
El comentario también dice mucho del personaje de Jesse. Es uno de los más queridos de la serie precisamente porque es contradictorio, vulnerable y profundamente humano. Su sufrimiento es evidente en cada temporada, incluso si su sonrisa no lo reflejaba del todo. Tal vez por eso nadie se dio cuenta.
Que el "único error" que Vince Gilligan pueda señalar sea algo tan pequeño es, en realidad, el mayor halago posible para la serie. No habla de fallos estructurales ni de decisiones narrativas mal tomadas. Habla de un detalle cosmético.