Por ahora, lo único seguro es que esta versión de 'Blancanieves' pasará a la historia aunque no exactamente como cuento de hadas.
Desde que Disney anunció el live action de Blancanieves, la conversación no fue precisamente tranquila. La elección de Rachel Zegler como protagonista desató críticas en redes incluso antes de que comenzara el rodaje. Algunos cuestionaban cambios en la historia, otros el enfoque "modernizado" del clásico animado. Y así, entre polémicas, retrasos y ajustes, la película se convirtió en foco de odio.
Lo cierto es que no fue el fenómeno que la Casa del Ratón esperaba. Lejos de convertirse en otro éxito multimillonario del estudio, terminó siendo uno de sus tropiezos más comentados. Pero ahora sabemos que el golpe fue todavía más grande de lo que imaginábamos.
La cifra que lo cambia todo
Durante meses se hablaba de que la producción había sido carísima pero nadie tenía el número exacto, hasta ahora. Según reveló Forbes, Disney invirtió 336.5 millones de dólares en la película. Y no fue una filtración cualquiera: la propia compañía tuvo que confirmar la cifra oficialmente para poder acceder a un importante incentivo fiscal en Reino Unido.
Desde hace algunos años, el país ofrece incentivos para atraer producciones internacionales, permitiendo recuperar hasta un 25.5 por ciento de lo invertido en el territorio. En el caso de Blancanieves, eso significó que Disney pudo recuperar aproximadamente 64.9 millones de dólares. Así que el gasto final se redujo a unos 271.6 millones.
Sigue siendo una cifra gigantesca. Y considerando que la taquilla no estuvo a la altura de la inversión, el proyecto terminó siendo uno de los reveses financieros más duros en la historia reciente del estudio.
Más que números, una señal
El problema no fue solo económico. Fue simbólico. Disney lleva años apostando fuerte por sus remakes en acción real. Algunos han sido éxitos descomunales y otros han sido recibidos con poca emoción. Pero Blancanieves parecía destinada a ser un regreso triunfal a uno de los títulos más emblemáticos del estudio.
En cambio, se convirtió en ejemplo de lo que puede salir mal cuando el presupuesto se dispara y la conversación pública se vuelve más grande que la película misma. Llamarlo “humillación histórica” suena fuerte. Pero cuando una producción supera los 300 millones de dólares y no logra conectar con el público como se esperaba, el impacto es inevitable.
La revelación oficial de los costos deja claro que el fracaso fue más profundo de lo que muchos pensaban. Ahora queda la pregunta: ¿cambiará esto la estrategia de Disney con sus futuros live action? ¿O seguirán apostando por reimaginar sus clásicos a cualquier precio?