El atardecer más bello de la CDMX está en un Cinépolis: tiene un mirador "escondido" hacia Reforma que le gana a cualquier hotel de lujo de la ciudad
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Cuando el sol empieza a bajar, Reforma entra en modo espectáculo.

Hay miradores que se venden como si fueran un tesoro reservado para unos cuantos. Elevadores privados, cocteles costosos, recepciones difíciles y esa sensación de que, para ver bonito la ciudad, primero hay que pagar a la cuenta. En la Ciudad de México pasa mucho: si quieres un atardecer de postal sobre Reforma, casi siempre te mandan a un rooftop de hotel o a un restaurante donde el ticket ya te arruinó media quincena.

Lo curioso es que a veces el mejor plan está escondido en un lugar mucho más cotidiano y normal. Un sitio al que miles de personas entran pensando en palomitas, la función de las seis y quizá un combo demasiado grande. Nada más. Y justo por eso casi nadie se detiene a mirar lo que tiene enfrente.

Un atardecer donde menos te lo esperas

Ese lugar es el Cinépolis Diana, sobre Paseo de la Reforma 423, en la esquina con Río Mississippi, en plena zona de la Diana Cazadora. Por su ubicación sobre uno de los corredores más fotogénicos de la ciudad, el complejo regala una vista inesperada hacia Reforma que, al caer la tarde, se siente casi como un pequeño mirador urbano metido dentro de un plan de cine.

La gracia del lugar está en eso: no presume demasiado. Vas al cine y, de pronto, si te das un segundo para mirar alrededor, te encuentras con una de esas postales raras de la ciudad donde Reforma se pone dorado, los edificios brillan distinto y todo se siente un poco más cinematográfico de lo normal.

Y tiene sentido. El Cinépolis Diana está clavado en una zona privilegiada de la avenida. Muy cerca de la Diana Cazadora, rodeado por ese tramo donde Reforma mezcla árboles, glorietas, torres y tráfico con una elegancia medio caótica que solo existe aquí. Desde ahí, el atardecer no se ve bonito nada más; se ve muy chilango.

No es un hotel de lujo y esa es su magia

Parte del encanto está en romper la expectativa. Porque uno pensaría que una vista así viene acompañada de host, dress code o una carta con precios ofensivos. Pero no. Aquí el pretexto sigue siendo el cine. Entrar, ver cartelera, comprar algo de comer y esperar una función, con el ritual de siempre.

Y eso vuelve la experiencia todavía mejor. No se siente como una salida armada para presumir en redes, sino como un descubrimiento casi accidental. De esos que dan gusto contar porque todavía conservan algo de secreto.

Un edificio con historia cinéfila de verdad

Además, no se trata de cualquier complejo. Antes de ser el Cinépolis Diana que hoy todos ubica, ahí estuvo el antiguo Cine Diana, una sala emblemática de Reforma diseñada por el arquitecto Leopoldo Gout. Se inauguró en 1962 y tenía mil 850 butacas, convirtiéndose durante décadas en una de las salas más representativas de la avenida

El viejo cine también albergó el "Mural del Hierro" de Manuel Felguérez, integrado al vestíbulo como parte del conjunto arquitectónico. Con el tiempo, el inmueble fue transformado y dividido en varias salas, pero el edificio siguió en pie y conservó ese peso medio nostálgico de los grandes cines capitalinos de otra época.

El plan perfecto antes o después de una función

También ayuda que llegar no sea nada complicado. El complejo aparece como Cinépolis Diana en Paseo de la Reforma 423, Cuauhtémoc, y medios lo siguen registrando como una de las sedes más conocidas para ver películas en esa parte de la ciudad. No es un spot misterioso al que entras con contraseña: está ahí, a plena vista, aunque su mejor atributo siga pasando bastante desapercibido.

Por eso, la próxima vez que alguien te diga que el atardecer más bonito de la CDMX solo se consigue desde un hotel carísimo, ya tienes una respuesta mucho más divertida. No hace falta subir a un rooftop exclusivo ni pagar una cena de ocasión especial. A veces basta con ir al Cinépolis Diana, mirar hacia Reforma y dejar que la ciudad haga lo suyo.

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