La serie que te hace dudar de todo lo que estás viendo desde el minuto uno está en Netflix
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

La realidad no siempre se rompe con explosiones ni persecuciones. A veces basta una notificación, una contraseña, una suscripción médica, un recuerdo guardado en la nube o una vida perfecta que nadie sabe cuánto cuesta.

Hay películas que no se conforman con contar una historia: quieren que desconfíes de la pantalla. Matrix lo hizo con una pastilla roja, una simulación y la sospecha de que la vida cotidiana podía ser una mentira perfectamente diseñada. En Inception, Christopher Nolan convirtió los sueños en habitaciones con trampas, capas y relojes internos que nunca terminaban de acomodarse.

También está Ciudad de tinieblas, esa joya de ciencia ficción noventera donde la realidad parece reescribirse mientras nadie está mirando. Todas juegan con la misma incomodidad: qué pasa cuando lo que vemos ya no basta para entender lo que ocurre. Son historias hechas para mirar dos veces, pausar, regresar y preguntarse si uno entendió mal o si de plano, la película acaba de mover el piso.

La serie que convierte la duda en costumbre

En Netflix, esa sensación tiene nombre: Black Mirror. La serie creada por Charlie Brooker no funciona como una historia larga con un solo protagonista, sino como una antología donde cada episodio abre una puerta distinta hacia un mundo torcido, incómodo y demasiado parecido al nuestro. Es una colección de relatos sobre los peores rasgos de la humanidad, sus grandes innovaciones y las consecuencias que nadie quiso prever.

Lo más tramposo de Black Mirror es que casi nunca se siente completamente lejana. Sus episodios pueden hablar de tecnología futurista, implantes, inteligencias artificiales, redes sociales o sistemas de vigilancia. Sin embargo, la ansiedad viene de algo más familiar: la necesidad de gustar, el miedo a ser olvidado, la obsesión por controlar la vida propia o la facilidad con la que una pantalla puede convertirnos en otra persona.

Episodios que parecen advertencia, pero llegan tarde

La serie arrancó en Reino Unido en 2011 y después se volvió uno de los títulos más reconocibles dentro del catálogo de Netflix. Con el paso de los años, Black Mirror dejó de ser una recomendación de nicho para volverse una especie de referencia cultural: cuando una noticia tecnológica suena demasiado perturbadora, alguien siempre dice que "parece un capítulo de 'Black Mirror'".

Parte de su fuerza está en que cada episodio cambia de tono. Algunos se acercan al thriller, otros al drama, varios rozan el terror psicológico y unos cuantos se permiten un humor negrísimo que no deja salir tan limpio de la risa. Desde el drama, la ciencia ficción y el thriller, cualquier etiqueta le queda corta para una serie que puede pasar de una sátira sobre la fama a una pesadilla sobre conciencia digital.

La pantalla negra que nos sigue mirando

El título de la serie viene de esa imagen que conocemos demasiado bien: la pantalla apagada de un teléfono, una computadora o una televisión, que se convierte en espejo oscuro. Uno mira hacia ahí y se encuentra de regreso, aunque no siempre con la mejor versión de sí mismo. Esa idea atraviesa buena parte de Black Mirror: la tecnología no aparece como villana absoluta, sino como una extensión de deseos humanos.

La serie no presume tener respuestas. Presenta mundos que parecen exagerados durante los primeros minutos y, poco a poco, empiezan a sentirse peligrosamente cercanos. No todos los episodios pegan igual. Como toda antología, tiene picos, rarezas, capítulos discutibles y otros que se quedan dando vueltas varios días. Actualmente, Netflix tiene disponible Black Mirror dentro de su catálogo, con siete temporadas.

facebook Tweet
Te puede interesar