Un personaje único existió antes que la película y su historia demuestra que, en México, hasta el ring puede convertirse en un acto de fe.
Nacho Libre puso a la lucha libre mexicana en el radar de toda una generación que quizá nunca había visto una arena, una máscara dorada o una plancha lanzada con fe. Jack Black convirtió a Ignacio en uno de esos personajes que parecen de chiste, pero que terminan siendo queridos. Y Ana de la Reguera, como la hermana Encarnación, le dio a la película ese toque tierno que necesitaba.
La cinta de Jared Hess tiene ese humor seco, medio incómodo y físico que no funciona para todos, pero quienes la quieren, la quieren en serio. Hay canciones, niños huérfanos, entrenamientos desastrosos y un México visto desde una fantasía gringa bastante colorida. Lo que muchos no saben es que, debajo de la comedia había una historia real mucho más extraña de lo que Hollywood necesitaba inventar.
El verdadero sacerdote detrás de la máscara
La inspiración viene de Sergio Gutiérrez Benítez, mejor conocido como Fray Tormenta, un sacerdote mexicano que también fue luchador profesional durante años. Su historia sirvió como punto de partida para Nacho Libre, aunque la película tomó el concepto y lo llevó hacia otro lado. La idea era casi imposible de resistir: un hombre de iglesia que se pone una máscara para subir al ring y conseguir dinero para los niños de su orfanato.
Fray Tormenta fundó en Texcoco la "Casa Hogar de los Cachorros de Fray Tormenta", un espacio que llegó a albergar a cientos de niños. Durante un tiempo mantuvo oculta su identidad como sacerdote, porque sabía que el público de la lucha libre no necesariamente iba a tomarlo en serio si lo veían primero como cura. En la arena era otra cosa.
La propia vida de Gutiérrez Benítez parece hecha de pedazos de melodrama y cine popular mexicano. Antes de convertirse en sacerdote, atravesó una juventud complicada, marcada por adicciones y violencia. Después encontró en la religión un camino distinto, pero la vocación no resolvía un problema básico: mantener a los niños que dependían de él costaba dinero y fue ahí donde apareció la lucha libre.
Cuando la fe también se sube al cuadrilátero
La imagen de un sacerdote luchador suena inventada, pero en México casi siempre la realidad llega primero y el cine luego. Fray Tormenta no peleaba para hacerse famoso ni para vender juguetes, aunque con el tiempo su personaje terminó convirtiéndose en leyenda. Luchó por años, viajó, se lastimó y se ganó un lugar dentro del mundo de las máscaras.
Por supuesto, la película cambió muchas cosas. Nacho Libre presenta a Ignacio como un cocinero de monasterio que decide competir en secreto para conseguir dinero y alimentar mejor a los huérfanos. Es un hombre subestimado que se convierte en luchador por necesidad, por ilusión y también por ganarse la admiración de la hermana Encarnación. En la vida real, el romance imposible era lo de menos pero la misión sí estaba en la casa hogar.
Una comedia de culto que volvió a Netflix
Hoy Nacho Libre puede verse en México por streaming en Netflix. Casi dos décadas después, sigue funcionando porque no se toma demasiado en serio, aunque debajo tenga una historia real de sacrificio bastante seria.
Fray Tormenta no necesitó de efectos, frases motivacionales ni entrenamientos para volverse leyenda. Le bastó una máscara, una causa y la necedad de subirse al ring para que un grupo de niños tuviera comida, techo y futuro. Hollywood le puso música, color y a Jack Black.