Una búsqueda en Google abrió la primera puerta y una película terminó llegando mucho más lejos de lo que su autor imaginó cuando escribió aquella primera página.
Hollywood está lleno de historias sobre gente que llegó al cine por caminos rarísimos. Quentin Tarantino aprendió viendo películas como si cada videoclub fuera una escuela y Sylvester Stallone escribió Rocky cuando nadie parecía tener mucha fe en él. Siempre han habido directores que empezaron grabando con lo que tenían a la mano antes de que alguien les soltara presupuesto de verdad. El cine, aunque parezca una industria cerradísima, todavía tiene grietas por donde se cuelan los obsesionados y talentosos.
Lo curioso es que esas historias suelen sonar a leyenda cuando ya terminaron bien. Vistas desde el final, todo parece hecho por el destino: la renuncia, la duda, la primera página, el rechazo, la llamada que cambia la vida. Pero en el momento real, cuando alguien decide empezar desde cero, no hay música inspiradora ni montaje de superación. Hay miedo, una computadora abierta y una pregunta bastante básica: "¿y ahora cómo se hace esto?".
El hombre que buscó en Google cómo escribir una película
El caso es el de Espen Lauritzen von Ibenfeldt, un cantante y organizador de eventos noruego que a los 40 años decidió dejar su trabajo para intentar escribir una película. No venía de una escuela de cine, no tenía experiencia como guionista profesional y tampoco formaba parte de una familia conocida en la industria. Su primer paso fue poco inusual: abrió Google y buscó cómo se escribía una película.
Antes, un aspirante a guionista quizá habría tenido que mudarse, tocar puertas o conseguir manuales difíciles de encontrar. Espen hizo lo que cualquiera haría a medianoche con una idea dando vueltas: buscó respuestas en internet. Luego se apoyó en libros de guion, estudió estructura y trató de convertir una obsesión de años en algo que pudiera leerse como cine.
Aunque no sabía escribir guiones, llevaba décadas estudiando la Segunda Guerra Mundial y la historia de Noruega. No empezó con una hoja en blanco absoluta, sino con un personaje que lo había acompañado desde mucho antes: Gunnar Sønsteby, el militar y miembro de la resistencia noruega que se convirtió en uno de los héroes más condecorados de su país.
Una historia de guerra que ya conocía de memoria
Número 24 nace de esa fascinación por Sønsteby. La película sigue al joven noruego cuando decide resistir tras la invasión nazi y termina involucrado en operaciones de sabotaje dentro de la llamada Banda de Oslo. Es el tipo de historia que, si uno la inventara, quizá sonaría exagerada. Pero la realidad ya venía cargada de riesgo, tensión moral y decisiones complicadas.
Para Espen, el reto no era tanto investigar desde cero, sino encontrar una forma cinematográfica para una vida enorme. Conocer mucho un tema puede ser una ventaja, pero también una trampa. Cuando alguien ama demasiado una historia, quiere meterlo todo. El cine no perdona eso y hay que elegir.
Después de escribir un primer borrador, buscó una mirada experta. Su guion terminó llegando a personas conectadas con la industria noruega, incluido el productor John M. Jacobsen, conocido por trabajos ligados al cine histórico del país. Con ajustes de por medio, el proyecto encontró camino. Nueve meses después de empezar, Espen ya había vendido su guion. Nada mal para alguien que había iniciado preguntándole a Google cómo se hacía una película.
De una búsqueda en internet a Netflix
La película fue dirigida por John Andreas Andersen y se estrenó en cines noruegos en 2024. Según reportes, atrajo a más de 266 mil espectadores en Noruega y terminó convirtiéndose en uno de los títulos locales más comentados de ese año. Después llegó a Netflix, donde el público internacional pudo descubrir una historia que había nacido de una decisión bastante radical: dejarlo todo para aprender un oficio desde cero.
La historia de Espen Lauritzen von Ibenfeldt se presta perfecto para decir que nunca es tarde para empezar. Y suena bonito porque en este caso salió bien pero no conviene romantizarlo demasiado. No bastó con buscar "cómo escribir una película" y esperar a que Netflix apareciera con flores. Hubo años de conocimiento previo, disciplina, reescritura, contactos, oportunidad y una idea con peso suficiente para sostenerse.