Bruce Lee, actor: "Con grandes aspiraciones, es glorioso incluso fallar"
Carolina Cantoral
-Redactora
Comunicóloga fanática de las comedias románticas, de las películas de Christopher Nolan y de cualquier película donde salga Timothée Chalamet. Siempre lloro cada que veo “Titanic” y siempre me río con los mismos capítulos de “The Office”.

Fue el máximo referente de las artes marciales, una disciplina a la que entregó su vida y en la que dejó huella no solo en el cine, sino al diseñar su propio estilo de combate y pensamiento filosófico.

Hay personas que simplemente están destinadas a dejar un impacto profundo en el mundo y que gracias a tener un talento nato y habilidades fuera de lo común, llegan a marcar un antes y un después. Bruce Lee representó eso. Su legado no solo se limitó a la industria del cine, sus aportaciones impactaron a las artes marciales e incluso a la filosofía.

Su estilo de vida, su mentalidad y su presencia en el cine, siguen siendo recordados a más de cinco décadas de su muerte, pues a pesar de haber fallecido sumamente joven a los 32 años, logró convertirse en una absoluta leyenda.

Bruce Lee: la unión en el cine entre oriente y occidente

Bruce Lee –cuyo nombre real era Lee Jun-fan– nació en San Francisco en 1940, pero fue criado en Hong Kong hasta su adolescencia. Es por eso que la fusión entre el gusto por el entretenimiento y las artes marciales dieron como resultado una leyenda en ambos mundos.

Tras incursionar en Hollywood, revolucionó por completo el cine de acción en la década de los setenta rompiendo con los estereotipos de los asiáticos en la pantalla y enalteciendo por completo las artes marciales, a tal grado de convertirlas en todo un fenómeno en occidente.

El mundo volteó a ver las artes marciales y apreciarlas como nunca: su complejidad física, la belleza de sus movimientos, la elegancia detrás de cada ataque y todo de la mano de Lee. Rápidamente alcanzó la fama bajo el nombre de Lee Siu Lung, que significa el "Pequeño Dragón Lee", apodo que mantuvo toda su vida.

Se estima que Lee participó en 27 películas a lo largo de toda su vida, pero su impacto se reduce a cinco largometrajes de artes marciales que filmó durante su adultez, con títulos emblemáticos que bastaron para consolidarlo como un mito del género: El gran jefe (1971), Puño de furia (1972), El camino del dragón (1972), Operación dragón (1973) –su obra maestra– y Juego con la muerte (1978), cinta que quedó inconclusa y se terminó años después.

Es por eso que durante los 70, Lee se convirtió en la figura de acción a la que muchos aspiraban en convertirse, sus movimientos parecían casi irreales y fuera de este mundo, para muchos era considerado la persona más veloz y ágil jamás vista, con acrobacias que muchos podrían lograr únicamente con efectos especiales y que jamás se han vuelto a ver en pantalla.

La filosofía de vida de Bruce Lee: "Sé agua"

Lee entrenaba sin descanso, representaba la constancia y la disciplina, sumado a una mentalidad fuerte que lo llevó a la cima. Es por eso que entrenar el cuerpo no fue la única meta de Lee, pues sabía que la mente era el motor principal para lograr cosas extraordinarias.

No temas fallar. No es fallar, sino apuntar muy bajo el error. Con grandes aspiraciones, es glorioso incluso fallar.

Es tan solo una de sus tantas frases que siguen siendo recordadas y que demuestran que para Lee, no había miedo en equivocarse, siempre y cuando las metas que existen sean lo suficientemente importantes como para que el aprendizaje valga la pena.

Además de marcar un legado en el cine y las artes marciales, Lee dedicó también su vida a la filosofía creando su propio método de combate el cual llamó Jeet Kune Do, que se traduce como el "Camino del Puño Interceptor", que fusionaba un estilo de pelea y filosofía de vida.

El propósito de este método es la efectividad absoluta en una pelea real, apostando por aplicar solo lo que da resultados, actuar con simplicidad y naturalidad, y adaptarse a las circunstancias del momento.

Por lo que uno de sus grandes lemas en la vida fue "Sé agua", predicando la idea de ser adaptable no solo durante una pela, sino a lo que sea que llegue a tu vida.

Fluye con lo que es y deja que lo que fue, sea.
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