Iñárritu y Tom Cruise construyen un espectáculo tan fascinante como excesivo
por Team SensacineHay películas pensadas para formar parte de la conversación cotidiana y otras concebidas como verdaderos acontecimientos cinematográficos. Digger pertenece, sin duda, al segundo grupo. La inesperada alianza entre el director ganador del Óscar Alejandro González Iñárritu y Tom Cruise ,probablemente una de las últimas grandes estrellas globales que todavía persigue el reconocimiento interpretativo de la Academia. Se traduce en una propuesta tan fascinante como imperfecta: una farsa política visceral sobre los vicios del poder, la manipulación de la verdad y el colapso ambiental.
Desde sus primeros minutos, Digger se despliega como un sueño febril. Apoyado en la fotografía inmersiva de Emmanuel Lubezki, Iñárritu sumerge al espectador en un universo estéticamente impecable, pero narrativamente grotesco. Cruise, oculto tras un notable trabajo de caracterización y prótesis, interpreta a Digger Rockwell, un magnate despreciable que busca contener la crisis catastrófica provocada por una “falla” en sus negocios que amenaza a la humanidad. Sin recurrir a sus habituales escenas de riesgo físico, Cruise canaliza una energía salvaje y caricaturesca para dar vida a una representación del capitalismo más estricto.
El planteamiento roza la genialidad cuando aborda la grieta entre los hechos y la narrativa: en un mundo al borde del abismo, a la élite política y corporativa poco le importa la evidencia científica; lo único que cuenta es quién consigue construir la historia más convincente para moldear la opinión pública. En este terreno brilla un elenco secundario tan talentoso como caótico. John Goodman resulta especialmente divertido como un presidente estadounidense histérico e hiperbolizado, mientras que Riz Ahmed encarna la voz de la razón, atrapada en medio del circo.
Sin embargo, la película tropieza cuando intenta abarcar demasiado. Tras un arranque electrizante y embriagador, Digger busca revestirse de una trascendencia dramática que termina rompiendo el tono satírico inicial. La dificultad de Iñárritu para conciliar la estridencia de su propuesta con un mensaje político más sobrio termina pasando factura al ritmo del relato. Personajes interpretados por actores de gran peso, como Sandra Hüller y Jesse Plemons, quedan por momentos reducidos a piezas secundarias dentro de un guion sobrecargado de reflexiones que no siempre terminan de cuajar.
Digger es, en última instancia, un filme-evento provocador y visualmente apabullante que confirma el interés de Tom Cruise por explorar nuevos registros en esta etapa de su carrera. Aunque el afán de Iñárritu por ofrecer múltiples lecturas termina restándole cohesión al conjunto, la experiencia resulta tan arriesgada y singular que difícilmente dejará indiferente a alguien.