Visualmente maravillosa pero queda a deber en su historia
por Team SensacineCuando una película se basa en un material tan querido como los videojuegos de Nintendo, parte del encanto de estas adaptaciones radica en reconocer referencias, guiños al fandom y momentos icónicos. Super Mario Galaxy: La película entiende perfectamente esta fórmula… quizá demasiado bien.
La nueva entrega sitúa a Mario y Luigi en una aventura intergaláctica donde, tras el secuestro de la princesa Rosalina a manos de Bowser Jr., el Reino Champiñón queda bajo la protección de los hermanos mientras la Princesa Peach parte al rescate de la madre de las lumas. En el camino, aliados como Yoshi se suman a una misión que rápidamente escala a proporciones
Desde sus primeros minutos de la película, la propuesta apuesta por expandir su universo. La introducción de Yoshi -con una animación entrañable y un trabajo vocal expresivo por parte de Donald Glover, basado únicamente en sonidos- se convierte en uno de los puntos más encantadores de esta segunda película. A esto se suma Bowser Jr., quien aporta una dinámica padre e hijo con Bowser que termina siendo, sorprendentemente, el núcleo emocional más sólido de la historia.
Es ahí donde la cinta encuentra uno de sus mayores aciertos: darle espacio a los secundarios para brillar y tener su protagonismo. Algo que se agradece teniendo en cuenta que los personajes de Nintendo tienen sus propios seguidores y que seguro estarán emocionados de verlos en pantalla. Mientras Mario y Luigi se mantienen relativamente en segundo plano, sin un arco claro más allá de reaccionar ante el caos, y figuras como la Princesa Peach y Bowser adquieren mayor peso. En especial la princesa, cuyo trasfondo se explora con una dimensión de la que carecía anteriormente.
Sin embargo, este intento de crecimiento es, al mismo tiempo, su mayor debilidad. Lejos de construir una narrativa sólida, Super Mario Galaxy se siente saturada. El guion combina elementos de distintos títulos como Galaxy, Odyssey, Sunshine e incluso guiños a Star Fox, generando una experiencia que por momentos parece más una colección de viñetas y referencias que una historia concreta. El resultado es un espectáculo visualmente deslumbrante, pero emocionalmente superficial. Las múltiples líneas narrativas nunca terminan de desarrollarse y, cuando parece que la trama alcanzará su clímax, simplemente… termina.
A nivel técnico, eso sí, no hay nada que pelearle. La animación es uno de sus mayores logros: vibrante, colorida, detallada y capaz de recrear la esencia estética de los juegos con una creatividad desbordante. Los momentos que juegan con estilos visuales, como la transición entre la estética de 8-bits y la animación 3D, demuestran el potencial del equipo para innovar dentro del lenguaje del fan service.
El doblaje en inglés y español también cumple, destacando la química entre Bowser y su hijo, así como la incorporación de personajes como Fox McCloud, que en México es la voz de Alfonso Herrera. No obstante, incluso estas adiciones se perciben más como cameos efectistas que como piezas esenciales del engranaje narrativo.
En cuanto al sentido del humor, el filme es más contenido que Super Mario Bros: La película. Aunque mantiene un tono divertido y ligero, escasean los momentos realmente memorables, lo que refuerza la sensación de que la producción apuesta más por el impacto visual que por la construcción de una experiencia completa. Lo que queda a deber al espectador.
Al final, Super Mario Galaxy: La película funciona como entretenimiento inmediato, especialmente para los que amamos la franquicia de Nintendo. Pero más allá de la nostalgia, deja la sensación de una oportunidad desaprovechada: la de convertir todo ese potencial en una historia verdaderamente memorable. No es una mala obra; es una cinta que lo tiene casi todo… excepto una historia sólida capaz de sostener su propio peso.