A lo largo de la historia del cine, muchas actrices han trascendido su tiempo y su filmografía para convertirse en referentes culturales del séptimo arte, como Greta Garbo, Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Bette Davis o Katharine Hepburn quienes no solo definieron géneros y estilos interpretativos, sino que moldearon ideales de feminidad, carácter y presencia escénica. Su impacto fue más allá de la taquilla con influencias en la moda, la percepción social de la mujer y la manera de entender el estrellato, dejando una grandiosa huella de cientos de aristas.
Sin embargo uno los casos que estuvo cerca de encarnar un cuente de hadas fue el de Grace Kelly, ya que aunque su carrera fue breve, estuvo marcada de intensidad, permitiendo que en menos de diez años pasara de ser una joven actriz a una estrella consagrada de Hollywood y, posteriormente, a princesa de Mónaco: un recorrido sin precedentes que alimentó la narrativa del "cuento de hadas" en el cine hollywoodense.
Grace Kelly y su legado en el séptimo arte
Flickr @oneredsf1
Nacida en 1929 en Filadelfia, en el seno de una familia acomodada y de una fuerte tradición deportiva, Grace Patricia Kelly rompió con las expectativas familiares al elegir la actuación como vocación y trasladarse a Nueva York para formarse en la Academia Americana de Artes Dramáticas donde comenzó su carrera en televisión y teatro. Su transición al cine fue rápida, ya que tras destacar en High Noon, su colaboración con Alfred Hitchcock la convirtió en una figura central del cine de suspenso.
Películas como La ventana indiscreta y Crimen perfecto consolidaron su imagen de elegancia y perturbación, contenidas en una característica tensión emocional, que se convertiría en el rasgo que Kelly que el propio Hitchcock definió como un "volcán cubierto de nieve".
El reconocimiento definitivo llegó en 1954, cuando ganó el Oscar a la Mejor actriz por The Country Girl, ya que para entonces, Grace Kelly era considerada una de las intérpretes más importantes de su generación, admirada tanto por su precisión actoral como por su presencia en pantalla. Sin embargo, su carrera se vio abruptamente interrumpida tras conocer al príncipe Rainiero III de Mónaco en el Festival de Cine de Cannes de 1955. Su matrimonio en 1956, ampliamente cubierto por la prensa internacional, marcó su salida definitiva del cine.
De actriz a Princesa de Mónaco: la vida de Grace Kelly lejos del cine
Paramount
Convertida en Princesa de Mónaco, Grace Kelly tuvo que renunciar por completo a su vida profesional como actriz, dado que su nueva vida real prohibía la exhibición de sus películas en el principado y ella rechazó propuestas relevantes, incluida una nueva colaboración con Hitchcock por esta razón.
Asumió entonces un rol institucional centrado en la filantropía, la promoción cultural y la crianza de sus tres hijos. Su trabajo fue clave para modernizar y proyectar internacionalmente la imagen de Mónaco, atrayendo el turismo y la estabilidad económica al principado, aunque diversos biógrafos coinciden en que nunca dejó de extrañar la libertad creativa del cine.
Su vida terminó de forma repentina el 14 de septiembre de 1982, tras sufrir un accidente automovilístico provocado por un derrame cerebral mientras conducía por una carretera de montaña en Mónaco. Tenía 52 años y su muerte fue seguida y lamentada a nivel mundial, inmortalizando paradójica una de las historias más fascinantes de esta industria.