Pocas películas generaron tanta conversación en 2024 como Babygirl: Deseo prohibido. Desde que se anunció el proyecto, las miradas se centraron en su historia provocadora y en su reparto. No todos los días se ve a Nicole Kidman encabezando una historia intensa sobre deseo, poder y límites emocionales, y mucho menos compartiendo pantalla con Antonio Banderas en un contexto tan cargado de tensión.
La cinta gira en torno a una mujer casada que inicia una relación con un joven pasante, interpretado por Harris Dickinson, un vínculo que sacude su vida personal y profesional. El resultado es un thriller erótico que no busca ser cómodo ni complaciente, sino incómodo, frontal y emocionalmente exigente. Justo por eso, el ambiente durante el rodaje fue clave para que la historia funcionara, en especial, para Banderas.
Un ambiente cuidado desde dentro
En una entrevista con People, el actor español dijo que Babygirl fue uno de esos proyectos que no se toman a la ligera. Requería compromiso absoluto y una sensibilidad especial para abordar ciertas escenas. En ese proceso, trabajar junto a Nicole Kidman fue, en sus palabras, una experiencia fluida y profundamente profesional.
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Banderas explicó que ambos entendían perfectamente la responsabilidad del material que estaban contando. Kidman llegó al set con una entrega total, mostrando una actitud abierta, generosa y enfocada en la historia. Eso facilitó que se construyera una dinámica de respeto mutuo donde la prioridad era que cada escena se sintiera honesta, pero nunca invasiva.
Más allá de lo que se veía en pantalla, el actor aseguró que siempre procuró que su compañera se sintiera respaldada, especialmente en los momentos más intensos del rodaje. La confianza, según él, fue clave para que todo fluyera sin fricciones innecesarias.
Profesionalismo por encima de cualquier cosa
Uno de los puntos que más destacó Banderas es que Babygirl nunca se abordó desde el sensacionalismo. Aunque la película tuvo una fuerte carga erótica, el enfoque siempre fue narrativo y emocional. Cada escena tenía un propósito claro dentro de la historia, y eso marcó la forma de trabajar en el set.
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Para Kidman, acostumbrada a papeles intensos y complejos, el reto no era nuevo. Aun así, el respaldo de un compañero con la experiencia de Banderas ayudó a que el proceso fuera más llevadero. No se trataba de proteger, sino de acompañar, entender cuándo avanzar y cuándo frenar.
Ese tipo de dinámicas, aunque no suelen hacerse visibles al público, son las que permiten que una película de este tipo no cruce líneas innecesarias.
Un rodaje que dejó huella
Aunque el tema de la película ha sido lo más comentado de los últimos años, las declaraciones de Banderas han puesto el foco en algo igual de importante: cómo se hacen este tipo de historias hoy en día. Lejos de los excesos del pasado, el cine contemporáneo empieza a darle más peso al cuidado emocional de sus intérpretes.
En ese sentido, Babygirl se convirtió también en un ejemplo de cómo abordar relatos incómodos sin sacrificar la integridad de quienes los cuentan. Al final, la cinta no solo ha dio de qué hablar por su trama o sus escenas intensas. También por lo que reveló sobre el trabajo detrás de cámaras.