Hay estrellas que parecen haber tenido una ruta claria hacia el éxito. Hoy puedes ver a Mark Wahlberg, con décadas de carrera, nominaciones al Oscar por Infiltrados , franquicias de acción como Transformers, comedias como Ted y más. Con una presencia constante en Hollywood, cuesta trabajo imaginar que su historia pudo haber terminado muy distinto. Pero sí: hubo un momento en su adolescencia en que todo apuntaba más a una caída brutal que a una carrera de cine.
Y no estamos hablando de una travesura menor ni de una anécdota de juventud medio exagerada por el tiempo. Se trata de uno de esos episodios que fácilmente pudieron cerrarle muchas puertas antes de que siquiera pensara en abrirse paso como actor. Mucho antes de Boogie Nights: juegos de placer, El peleador o Tres Reyes, Wahlberg estuvo a punto de quedar definido por otra cosa: la violencia.
El momento que pudo romperlo todo
Lo que vuelve esta historia tan dura es que no fue un incidente aislado salido de la nada. La Associated Press recordó que en 1986, cuando tenía 15 años, Wahlberg ya había estado involucrado en un ataque racista junto con otros jóvenes blancos, cuando persiguieron a niños negros, les lanzaron piedras y gritaron insultos raciales. En ese momento recibió una advertencia judicial. Dos años más tarde, reincidió con el ataque de 1988.
Slash Film
Según el recuento de AP, en el ataque de 1988 golpeó a un hombre vietnamita con un palo de madera y luego agredió a otro hombre vietnamita-estadounidense poco después. Fue arrestado ese mismo día y terminó en prisión. Visto desde hoy, cuando ya conocemos su posterior ascenso como rapero, actor y productor, el contraste es brutal. En ese entonces no parecía que tendría una carrera en Hollywood, más bien el tipo de expediente que te persigue para siempre.
De la cárcel a una carrera enorme
Lo impresionante es que, con los años, Wahlberg logró reconstruir su imagen pública y profesional. Primero explotó como figura musical y luego dio el salto al cine, donde terminó armando una carrera larguísima que incluye trabajos como actor y productor.
The Hollywood Reporter
Pero eso no borró del todo el peso de su pasado. En 2014, pidió un indulto por la condena de 1988, alegando que había cambiado, que había dedicado tiempo a labores filantrópicas y que quería servir como ejemplo de redención. La petición fue muy polémica porque reabrió la discusión pública sobre aquellos ataques.
El pasado que nunca terminó de desaparecer
La controversia fue tan fuerte que incluso años después seguía reapareciendo. People retomó en 2020 que Wahlberg había cumplido unos 45 días de cárcel por aquel caso y recordó que su intento de perdón generó divisiones, incluso entre las personas afectadas. Es decir, aunque Hollywood siguió adelante con él, el episodio jamás desapareció por completo de la conversación pública.
Y quizá ahí está lo más fuerte de esta historia. No es una tema de de la nada al éxito inspiracional y ya. Es más incómoda que eso. Porque habla de una sentencia real, de agresiones racistas reales y de un futuro que, en ese momento, sí pudo haber quedado destruido antes de empezar. Mark Wahlberg terminó convertido en estrella, pero hubo un día en que su nombre estaba mucho más cerca de quedarse atrapado en una ficha policial que de aparecer en los créditos de Hollywood.