Volver al futuro es una de esas trilogías que parecen haber existido siempre. El DeLorean, el chaleco rojo, el rayo en la torre del reloj, el Doc Brown gritando como si el universo fuera a implosionar. Todo quedó tan instalado en la cultura popular que a veces se olvida lo raro que fue el camino para llegar ahí. La primera película de Robert Zemeckis no solo convirtió a Michael J. Fox en una leyenda de los ochenta, sino que también lo puso en el centro de una de las producciones más accidentadas de la década.
Para cuando la cinta llegó a salas en 1985, Fox ya era un rostro conocido por Family Ties, la sitcom que lo había vuelto popular en televisión. Pero una cosa era conquistar la pantalla chica y otra muy distinta entrar a un set de cine donde ya se habían rodado semanas enteras con otro actor. En Hollywood, ese salto no siempre se veía con buenos ojos, y menos en una época donde los actores de televisión eran tratados como si jugaran en una liga menor.
La llegada incómoda de Michael J. Fox
Antes de Fox, Marty McFly fue interpretado por Eric Stoltz. El actor alcanzó a filmar buena parte de la película, pero Zemeckis y el equipo creativo llegaron a una conclusión difícil: su tono no era el que necesitaba la historia. Stoltz fue despedido y la producción tuvo que rehacer sus escenas con Michael J. Fox.
Universal Pictures
El cambio salvó a la película, pero dentro del set no todos lo recibieron con los brazos abiertos. Una de sus compañeras lo miró con cierta desconfianza, principalmente, porque mantenía su lealtad al actor que salía y sentía prejuicio contra el recién llegado de la pantalla chica. Y años después ella misma lo reconoció.
Desprecio y luego amistad
La actriz fue Lea Thompson, la inolvidable Lorraine Baines, madre de Marty en el presente y una de las piezas más importantes del viaje temporal en 1955. Thompson ha contado que al inicio no fue precisamente cálida con Michael J. Fox. Era amiga de Eric Stoltz, con quien había trabajado antes en The Wild Life, y la salida de su compañero la dejó en una posición incómoda. Para ella, Fox no solo llegaba a reemplazar a alguien querido, sino que venía desde la televisión.
Universal Studios
Michael J. Fox también ha hablado del tema. En una aparición en The View, dijo que Thompson fue altanera con él al principio y que estaba preparada para no darle demasiada atención. Según Fox, existía esa idea de que él era solo un actor de televisión, mientras ella venía del cine. La división entre televisión y pantalla grande pesaba mucho más en los ochenta de lo que pesa ahora, cuando una estrella puede saltar de una serie a una franquicia sin que nadie pestañee demasiado.
La tensión no duró para siempre
La buena noticia es que aquello no se convirtió en una guerra eterna de camerinos. Thompson admitió que fue altiva y que le tomó tiempo entrar en confianza con Fox. El cambio fue raro para todos: rehacer escenas, ajustar dinámicas, repetir trabajo que ya parecía avanzado y aceptar que la película estaba siendo reconstruida sobre la marcha. No era poca cosa.
Fox terminó ganándose el lugar con una rapidez que hoy parece obvia, pero en ese momento no lo era. Venía de una sitcom pero justo eso le dio una ventaja enorme: timing cómico, ligereza y una capacidad para reaccionar con naturalidad que Stoltz, desde otra propuesta actoral, no estaba entregando. Thompson contó que el propio estilo televisivo de Fox ayudó a romper el hielo y a acercarse más.