Todos recuerdan a Danny Trejo como Machete, ese hombre de mirada dura, bigote enorme y una vibra de "mejor no te metas conmigo". También está en la memoria de toda una generación como el tío de Mini espías, y para los fans del cine de culto siempre será uno de los rostros más imponentes de Del crepúsculo al amanecer. Trejo tiene una de esas caras que el cine no olvida fácilmente.
Pero su llegada a Hollywood no fue planeada, ni pasó por una escuela de actuación, ni por una audición elegante con currículum en mano. Su historia empezó de una manera mucho más extraña, casi casi de película. Entró a un set para ayudar a alguien más y terminó encontrando, sin buscarlo, la puerta a una carrera que ya suma décadas.
El día que Danny Trejo llegó al set indicado
En 1985, Danny Trejo ya estaba rehabilitado y trabajaba como consejero para personas con problemas de adicción. Su vida había cambiado después de años difíciles, varios ingresos a prisión y un proceso personal que lo llevó a dedicar buena parte de su tiempo a ayudar a otros. Un día recibió una llamada de un joven al que acompañaba en recuperación, quien le dijo que estaba pasando un mal momento porque en el lugar donde trabajaba había mucha cocaína.
Northbrook Films
Trejo fue a buscarlo pensando que llegaría a una bodega o algún espacio de trabajo cualquiera. Pero al llegar se dio cuenta de que estaba en un set de filmación. La película era Runaway Train, dirigida por Andrei Konchalovsky y protagonizada por Jon Voight y Eric Roberts, una historia sobre dos convictos que escapan y terminan atrapados en un tren fuera de control.
Después de hablar con el joven, alguien del equipo notó a Trejo y le preguntó si quería trabajar como extra. La propuesta era simple: aparecer como convicto. Para cualquiera habría sido una ocurrencia rara, pero Trejo lo tomó con humor. Había pasado por varias prisiones de California, así que hacer de preso en una película no sonaba precisamente como un reto imposible.
El tatuaje que lo delató ante Edward Bunker
La verdadera vuelta de tuerca llegó cuando Trejo se quitó la camisa para cambiarse. Al hacerlo, dejó al descubierto sus tatuajes, incluido uno enorme en el pecho que se volvería parte de su imagen más reconocible. Fue entonces cuando Edward Bunker, guionista de Runaway Train, lo reconoció. Bunker también había cumplido condena y lo recordaba de San Quentin.
Northbrook Films
No solo lo ubicaba de vista. También sabía que Trejo había sido boxeador dentro de prisión y que había ganado torneos en ese ambiente durísimo. En la producción, Eric Roberts necesitaba preparar una escena de pelea y Danny era oro molido. Bunker entendió de inmediato que el tipo que acababa de aparecer por casualidad podía servir mucho más que como simple extra.
Así que le ofrecieron trabajo entrenando a Roberts para boxear. Trejo aceptó, y lo que empezó como un favor a un joven en crisis se convirtió en un trabajo dentro de una película. Sin darse cuenta, Trejo tenía una presencia que la cámara no podía ignorar.
Hollywood encontró un rostro imposible de fabricar
Después de Runaway Train, Danny Trejo empezó a aparecer en más películas. Su rostro, su voz y su energía lo convirtieron en una presencia ideal para personajes duros, peligrosos o ligados al mundo criminal. En teoría, Hollywood pudo haberlo encasillado para siempre. En la práctica, Trejo hizo algo más interesante: tomó esos papeles y los volvió suyos.
Apareció en Desperado, Heat, Con Air, Del crepúsculo al amanecer y muchas otras películas donde bastaban unos segundos suyos para que la escena cambiara de ritmo. Luego llegó Robert Rodriguez, la familia Mini espías y Machete, el personaje que terminó convirtiéndolo en protagonista absoluto. Trejo no sólo se volvió actor: se volvió un símbolo.