Angelina Jolie ha pasado buena parte de su carrera bajo una mirada que insiste en comenzar por su apariencia. Ocurrió cuando se convirtió en estrella de acción con Lara Croft: Tomb Raider, cuando protagonizó Sr. y Sra. Smith y cuando apareció cubierta de cuernos, prótesis y sombras como la villana de Maléfica. Incluso frente a personajes complejos, Hollywood nunca dejó de presentarla como uno de sus grandes símbolos de belleza.
Mientras tanto, ella eligió una trayectoria mucho menos fácil de encerrar en una fotografía. Ganó el Oscar por su trabajo en Inocencia interrumpida, dirigió películas, participó durante más de dos décadas en labores humanitarias y utilizó su fama para hablar de refugiados, violencia y desplazamiento. La imagen podía abrirle puertas, pero nunca fue suficiente para explicar lo que quería hacer con ellas.
La inteligencia es la belleza que realmente le interesa
"Todos tienen una opinión diferente de lo que significa la belleza. El intelecto es lo más bello", afirmó Jolie en una entrevista publicada originalmente por InStyle en 2019. Para ella, la atracción no está en un rostro perfecto ni en algo que pueda ponerse sobre la piel. Está en encontrarse con alguien curioso, empático, apasionado y con una mente que no deja de moverse.
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La frase tiene un peso especial viniendo de una actriz cuya apariencia ha sido comentada, analizada e imitada durante décadas. Jolie conoce perfectamente el valor que la industria coloca sobre una cara, un cuerpo o una imagen bien construida. También sabe lo rápido que todo eso puede quedarse vacío cuando detrás no hay ideas, sensibilidad o interés por lo que ocurre fuera de uno mismo.
Hollywood quiso convertirla en una imagen, pero ella tomó otro camino
Jolie llegó a la fama rodeada por una reputación intensa. Durante sus primeros años, los medios se concentraron en sus tatuajes, relaciones, declaraciones y en una personalidad que no encajaba del todo con la idea de una joven actriz perfectamente controlada. Su interpretación de Lisa en Inocencia interrumpida cambió parte de esa conversación: el papel le dio su primer Oscar y mostró que detrás del personaje público había una intérprete capaz de dominar cada escena sin pedir permiso.
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Luego llegó Lara Croft: Tomb Raider, una película construida en buena medida alrededor de su presencia física y que terminó convirtiéndola en una estrella internacional. El rodaje en Camboya, sin embargo, cambió la dirección de su vida fuera de la pantalla. El contacto con personas afectadas por la guerra la llevó a acercarse a la Agencia de la ONU para los Refugiados y a comenzar una labor que se extendería durante más de 20 años.
El paso del tiempo también cambia la forma de mirarse
Aquella experiencia hizo que la celebridad dejara de ser únicamente una consecuencia del trabajo. Jolie comenzó a utilizarla como una herramienta para entrar en lugares, escuchar historias y llevarlas a espacios donde podían provocar alguna respuesta.
Su idea de belleza terminó ligada a esa forma de mirar a los demás. La empatía que menciona fue una práctica que atravesó buena parte de su vida adulta. Para Jolie, una persona atractiva no es solamente quien sabe presentarse ante el mundo, sino quien todavía puede interesarse por alguien que vive una realidad completamente distinta.
Su manera de entender la belleza ofrece una salida frente a una industria obsesionada con la juventud. Los rostros cambian, las modas se vuelven irreconocibles y el tipo de apariencia que Hollywood considera deseable puede modificarse de una década a otra. La inteligencia, la curiosidad y la capacidad de sentir por otras personas también necesitan trabajo, pero no dependen de permanecer congeladas en una versión más joven de uno mismo.