El tenis de mesa se convierte en una montaña rusa emocional
por Raul Godínez / Nath RodríguezEn un año cargado de grandes estrenos y apuestas ambiciosas, puedo asegurar que pocas películas tendrán una aura tan particular como la de Marty Supreme. No se trata de un blockbuster ni de una franquicia enorme, sino de una de esas propuestas que generan conversación desde la industria misma. El regreso de Timothée Chalamet a un terreno más crudo, sumado al debut en solitario de Josh Safdie tras redefinir el cine independiente estadounidense junto a su hermano, coloca a esta cinta como una de las más esperadas de 2026, especialmente bajo el sello de A24, estudio que se ha convertido en sinónimo de calidad.
Marty Supreme se sitúa en los años 50 y sigue la historia de Marty, un joven cuyo sueño es convertirse en el mejor jugador de tenis de mesa del mundo. Lo que podría parecer una premisa menor se transforma aquí en un estudio obsesivo sobre la ambición, la identidad y el costo emocional del éxito. Desde su arranque, la película impone un ritmo que no baja el ritmo y construye una tensión constante que se sostiene hasta el último minuto.
Timothée Chalamet entrega, sin exagerar, la actuación más intensa y física de su carrera. En un momento donde el actor ya ha demostrado su capacidad para liderar grandes producciones como Dune o Wonka, aquí vuelve a un registro más incómodo y visceral. Su Marty es impulsivo, frágil y profundamente humano. No hay glamour ni artificio, solo un personaje que se expresa desde el cuerpo, los silencios y la ansiedad. Es una interpretación que confirma que Chalamet no solo es una de las grandes estrellas de su generación, sino un actor dispuesto a incomodarse para crecer.
Odessa A’zion se suma al elenco como una pieza clave de equilibrio emocional de la historia. Su personaje, lejos de ser un simple interés romántico, aporta una mirada honesta y terrenal que contrasta con la obsesión del protagonista. Josh Safdie vuelve a demostrar una de sus mayores fortalezas como cineasta: su interés por retratar personas reales. Aquí no hay cuerpos perfectos ni personajes idealizados, sino individuos con defectos físicos y emocionales, figuras que parecen existir fuera de la pantalla.
Hablando de lo técnico, Marty Supreme logra un lenguaje cinematográfico que Safdie ha venido puliendo desde Good Time y Uncut Gems. La fotografía corre a cargo de Darius Khondji, quien regresa tras su colaboración en Uncut Gems, aportando una cámara inquieta y cercana. El uso del grano, la iluminación contrastada y los encuadres cerrados generan una sensación constante de urgencia, como si el espectador estuviera atrapado dentro de la mente de Marty.
La música vuelve a ser uno de los pilares del filme. El score, a cargo del mismo compositor de Uncut Gems, funciona como un recurso narrativo que nunca se detiene. La banda sonora no acompaña la historia, la empuja. Se mezcla con canciones como “Forever Young” de Alphaville, creando un choque temporal que refuerza la sensación de ansiedad y movimiento.
A nivel Hollywood, Marty Supreme también representa un punto de inflexión para Josh Safdie. Dirigir en solitario lo obliga a demostrar que su estilo no dependía únicamente de la dinámica fraternal, y el resultado es una obra que no solo mantiene esa identidad, sino que la refuerza. Safdie confirma que ya no se limita a un estilo reconocible, sino que ha creado un género propio, capaz de moverse entre el drama, la comedia y el thriller sin que el espectador perciba las transiciones.
Diamond Films
Con una duración cercana a las dos horas y media, la película se siente sorprendentemente con buen ritmo. Es una experiencia que se disfruta plenamente en pantalla grande, con palomitas y sin distracciones, recordándonos por qué el cine sigue siendo un acto colectivo. Marty Supreme no solo es una de las mejores películas del año, es una declaración de principios dentro de una industria que cada vez arriesga menos.
Todo apunta a que esta cinta le asegurará a Timothée Chalamet una nueva nominación al Oscar y consolidará a Josh Safdie como uno de los directores más emocionantes de su generación. Marty Supreme se estrena el 15 de enero y promete ser una de esas películas que marcarán la conversación cinematográfica de todo el año.