En 2006, Chris Hansen se encuentra en el punto más alto de su carrera gracias a ‘To Catch a Predator, un popular programa de televisión que lo convirtió en uno de los periodistas más conocidos de la televisión estadounidense. Su método consiste en utilizar cámaras ocultas e investigaciones encubiertas para exponer a hombres adultos que creen estar contactando con menores, y posteriormente, dejar que las autoridades se encarguen de las detenciones. A pesar de que el formato es polémico, logra convertirse en un éxito de audiencia. Sin embargo, mantener al público interesado implica asumir nuevos riesgos. Mientras Hansen y su equipo preparan sus siguientes investigaciones, las exigencias de la televisión comienzan a pesar cada vez más con la exigencia de encontrar historias más exclusivas y superar los resultados de la emisión anterior con millones de espectadores pendientes de la pantalla. Pero la búsqueda de audiencia comienza a generar preguntas sobre los límites de su trabajo: ¿Dónde termina la investigación periodística y dónde empieza el espectáculo?