'En el camino': una road movie que encuentra humanidad entre la violencia y la soledad
por Paloma MHLas carreteras mexicanas han sido retratadas en el cine como escenarios de violencia, narcotráfico, soledad y supervivencia. Sin embargo, pocas veces se les ha visto como el espacio donde dos personas pueden encontrarse emocionalmente cuando el mundo parece haberles dado la espalda. Eso es justamente lo que consigue En el camino, la nueva película de David Pablos.
Lejos de construir una simple historia de romance o una película criminal sobre tráfico de drogas, el director encuentra algo mucho más complejo entre los kilómetros de asfalto, las gasolineras y los tráileres que recorren el norte del país. Lo que aparece en pantalla es el retrato de dos hombres que viven desde la marginalidad y que, sin buscarlo, terminan convirtiéndose en el refugio mutuo que ninguno sabía que necesitaba.
La película sigue a Veneno, un joven que huye de un hombre poderoso y perturbador que lo persigue tras escapar de una red donde varios muchachos son utilizados y explotados bajo la promesa de una vida mejor. Durante su fuga conoce a Muñeco, un camionero solitario que pasa gran parte de su vida recorriendo carreteras.
Mientras intentan sobrevivir, ambos se involucran en la venta de drogas y emprenden un viaje que los obliga a enfrentar distintos peligros, desde la violencia en las carreteras hasta la constante amenaza del hombre que busca recuperar a Veneno. Pero conforme avanzan los kilómetros, también comienza a construirse entre ellos una relación difícil de etiquetar.
Uno de los mayores aciertos de David Pablos es evitar que la película quede atrapada en una sola interpretación. El propio director ha señalado que no existe un único mensaje y eso se refleja en cada escena.
Porque sí, existe una tensión afectiva evidente entre Veneno y Muñeco. Hay momentos que pueden leerse como una historia de amor. Otros parecen reflejar una relación paternal. En ocasiones funcionan como compañeros de viaje, mejores amigos o dos personas que simplemente se reconocen en su soledad.
Y quizá ahí radica la verdadera belleza de la película: no obliga al espectador a definir exactamente qué son.
Lo que une a ambos personajes no es únicamente el deseo o la necesidad de compañía, sino el hecho de que los dos viven al margen de algo. Veneno escapa de un entorno abusivo que amenaza con devorarlo, mientras que Muñeco representa a una generación de hombres acostumbrados a callar sus emociones detrás del trabajo, el alcohol y la rutina.
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A través de ellos, En el camino también ofrece una mirada poco explorada sobre la vida de muchos traileros mexicanos. Pablos retrata jornadas interminables, familias ausentes, carreteras peligrosas y una profunda sensación de aislamiento emocional que acompaña a quienes pasan gran parte de su existencia lejos de casa.
La película nunca juzga a sus personajes. Tampoco intenta dar respuestas fáciles. Simplemente observa cómo la soledad puede empujar a las personas a buscar afecto donde sea posible encontrarlo.
Visualmente, la carretera se convierte en un personaje más. Los paisajes áridos, las estaciones de servicio y los trayectos interminables transmiten una sensación constante de incertidumbre. Los protagonistas avanzan físicamente por el país, pero emocionalmente parecen estar buscando algo mucho más difícil de alcanzar: un lugar al que pertenecer.
Si existe un aspecto que podría dividir al público es su ritmo pausado. David Pablos apuesta por la contemplación y por los silencios antes que por la acción constante. Habrá espectadores que conecten con esa propuesta y otros que puedan sentir que la historia tarda demasiado en desarrollarse. Sin embargo, esa decisión también permite que la relación entre los personajes respire y encuentre matices que una narrativa más acelerada probablemente habría perdido.
Quizá el momento más poderoso de la película llega hacia el final, cuando Muñeco toma una decisión que, en apariencia, parece una traición. Sin embargo, vista desde otra perspectiva, se convierte en un acto desesperado de protección. Es ahí donde la película deja claro que el cariño no siempre adopta las formas que esperamos y que algunas personas terminan convirtiéndose en familia incluso cuando el destino les impide permanecer juntas.
En el camino no es una película sobre el narcotráfico, ni exclusivamente sobre la sexualidad, ni tampoco únicamente sobre la violencia. Es una historia sobre personas que intentan sobrevivir en un mundo que constantemente las empuja hacia los márgenes. Una película que encuentra ternura en lugares inesperados y que recuerda que, a veces, los vínculos más importantes de nuestra vida nacen precisamente cuando estamos perdidos.
Pólvora
David Pablos construye una obra sensible, melancólica y profundamente humana que deja espacio para que cada espectador encuentre su propia interpretación. Y quizá esa sea su mayor virtud: entender que algunas relaciones son demasiado complejas para resumirse en una sola palabra.