Con el objetivo de realizarlo lo más tétrico posible, el director Matteo Burani utilizó tres técnicas de animación diferentes: animación con marionetas, animación con arcilla y pixelación.
Este cortometraje comenzó a desarrollarse en 2017, sin embargo, cosntantemente la producción se detenía debido a falta de fondos y el hecho de la pandemia de COVID-19 lo complicó aún más. Pero lejos de rendirse, el equipo logró fundar su propia compañía Studio Croma Animation, quien tras una exitosa campaña de Kickstarter y al apoyo de fondos nacionales y regionales italianos, el proyecto finalmente cobró impulso.