Venom
Críticas
1,5
Mala
Venom

Su mayor problema es su falta de definición: no es ni comedia, ni drama, ni accion, ni horror...

por Rubén Peralta Rigaud

Eddie Brock (Tom Hardy) es un periodista que tiene su propio programa de televisión sobre investigaciones de los trapos sucios de las grandes corporaciones. Su asignación actual lo lleva a la Organizacion Life bajo el liderazgo de Carlton Drake (Riz Ahmed), quien es sospechoso de hacer experimentos farmacológicos con seres humanos. Brock rompe algunas reglas y es despedido del canal donde trabaja, perdiendo también a su novia (Michelle Williams). Tiempo después, su vida dará un giro inesperado. 

Sin Spider-Man en la ecuación, Sony tuvo que hacer cambios de personaje y, lamentablemente, no puedo decir que sean muy originales. En la historieta, el personaje es especialmente interesante solo cuando es el espejo que distorsiona las dudas y frustraciones de Peter Parker, siendo el propio Eddy Brock casi el doble negativo del alter ego del Araña. 

Pero aquí, el desarrollo de los dos personajes principales es extremadamente acelerado. Muchos temas solo se tocan superficialmente, las ingeniosas ideas que se plantean en los primeros minutos se van,  creando rápidamente una secuencia de escenas individuales que se fusionan terriblemente. Traer al simbionte Venom se convierte rápidamente en la mejor herramienta para un guión hecho a cinco manos, perdiendo de vista el camino propuesto. Además, y de una manera extremadamente desagradable, el oponente pierde lo que a primera vista se veía interesante. Debido a su enfoque unidimensional y mal usado, al final, no es más que una excusa para impulsar la historia.

El simbionte frente a su cuerpo receptor.


La película despliega una sucesión de eventos sin cola ni cabeza que luchan por despertar el interés en su conjunto. No se muestra una preocupación por la puesta en escena ni un destello de dirección de  o de guía para los actores por parte de Ruben Fleischer (Tierra de zombies). Tom Hardy parece estar completamente perdido y, al no tener un guion bueno en que apoyarse, ejecuta su personaje a base de muecas, de poner cara de idiota o hacer juego con sus ojos. 

Venom es un producto esquizofrénico, probablemente pensado inicialmente como una película más oscura y violenta, pero que fue formateada en el camino por la reticencia de un estudio que prefería obtener ganancias. El espectador se queda con un monstruo voraz que se convierte en un héroe, que no deja sangre en el camino y lanza chistes a diestra y siniestra. Las secuencias de acción también desempeñan su papel, pero no son lo suficientemente buenas como para sorprender al público con maravillosas acrobacias, se limitan a conocidas secuencias de persecución que ni siquiera aportan a la trama. Es monótono.

Es una lástima, porque la mitología de la base de Venom, si se presenta adecuadamente, tiene más potencial que muchas de las cosas de súper héroes que vemos. En Venom llegamos a tener alguna conexión, pero tan temporal como una señal de wifi en un lugar público. Al salir de la película, uno queda frustrado por algo que prometía y que su esencia pudo ser mejor, pero prefirió quedarse en lo cómodo para generar sonido y muy poca sustancia. 

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