La viuda
Críticas
3,0
Entretenida
La viuda

Su falta de malicia es irónicamente su pecado original

por Rubén Peralta Rigaud

Una mujer vestida con una gabardina sale del metro de Nueva York. Al principio de La viuda de Neil Jordan, el espectador sólo la ve de espalda y durante algunos minutos la película nos muestra únicamente imágenes y movimientos de cámara, con fondo musical de jazz que nos sugiere nostalgia, una elegante narrativa pasada de moda, la cual al instante nos inspira confianza.. La cámara nos muestra  el metro de Nueva York, y utiliza retrospectiva, lo que nos hace suponer desde el principio que la película trata sobre ocultar algo y nos sugiere que lo visible y aparentemente obvio, no es confiable.

Conocemos a Frances, una estudiante, quien se encuentra un bolso en el compartimiento del metro, quien obviando los consejos de su amiga y compañera de habitación Erika, decide devolver el hermoso accesorio  a su propietario. El nombre de la dueña es Greta, húngara que trabaja como profesora de piano en Brooklyn, aunque, a juzgar por su valioso mobiliario y su bolso, ni siquiera necesitaría trabajar.

Greta invita a la joven a su hogar e inicia una conversación sobre su amor por la música, su esposo fallecido, la hija que no ha visto en mucho tiempo, entre otros temas. Una noche, durante una cena en el apartamento de Greta, Frances descubre accidentalmente un armario lleno de otros bolsos con contenidos idénticos al que había encontrado y hace algo que desencadena algunas complicaciones.



En este primer acto, la película tiene un tono delicado, una peculiaridad enigmática que gradualmente se transforma en destellos de misterio y horror, y recuerdas que estamos ante el gran estilista que es Neil Jordan. El mayor éxito de Jordan, Juego de lágrimas (1992), y la mayoría de sus películas, tratan de dos personas que accidentalmente se conocen pero que prefieren guardar sus secretos. Jordan está cambiando constantemente de ritmos y atmósferas como un virtuoso. Nos hace pensar por unos momentos, que Frances no está bien de la cabeza, una muy buena manipulación narrativa para despistarnos como espectador.

Nada en el guión logra dar cuerpo a los personajes, es donde radica el mayor de los problemas de esta película, desde su negrura psicológica hasta sus diseños siniestros. La improbabilidad del tono original, inicia con un papel irónico y mientras avanza el metraje, los obliga a caricaturizarse, y el juego maquiavélico del gato y el ratón de propuesta inicial, se desmorona.

La indigencia del escenario se basa en clichés poco interesantes en tal contexto, el de Isabelle Huppert en un monstruo de locura, y el de Chloë Grace Moretz como un ejemplo de inocencia. En ambos casos, no funciona. Huppert está limitada, en su cinismo, por el lenguaje y su incapacidad para encontrar una ruptura real de un personaje, después de todo, bastante suave en comparación con sus actuaciones anteriores.

Al final, La viuda no es molesta, no es graciosa, siempre a expensas del talento artesanal de Neil Jordan, pero su falta de malicia es irónicamente su pecado original.

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