La maldición renace
Críticas
2,0
Pasable
La maldición renace

Un remake mal logrado

por Iván Romero

En Hollywood hay buenos momentos para revitalizar viejas franquicias y traerlas nuevamente con el casual pretexto de que generaciones actuales las conozcan, a pesar de que muchas veces la razón evidentemente es monetaria. Hacer versiones “revitalizadas”, contrario de lo que muchos piensan, no debería ser tomado como falta de ideas, sino como una ventana para conocer visiones distintas de una misma historia; ejercicios visuales y cinematográficos que la mayoría de las veces palidecen ante el original, pero en otras contrastan de una manera fantástica.

Un caso reciente es la estupenda Suspiria de Luca Guadagnino contra el clásico de Dario Argento. En el género de horror esto de revisionar viejos materiales es una constante, pero hay que tener muy claro qué es lo que se quiere aportar de diferente a la película original o cómo se homenajeará al material de origen. Un remake o reboot como los han bautizado en los últimos años es eso: reconocimiento bajo otra mirada hacia un trabajo que dejó huella. 


 


         

Toda esta diatriba no es solo al azar, sino como introducción por el estreno de La maldición renace (The Grudge, título original) el remake del remake del título original japonés: Ju-on (2000) de Takashi Shimizu. Irónicamente, el refrito estadounidense del 2004 (protagonizado por la reina del grito: Sarah Michelle Gellar) fue dirigido también por Shimizu. La historia se centra en una casa donde algo terrible sucedió, un evento violento en el que la muerte de varios seres provoca que la rabia o la pena se quede guardada en ese lugar y en consecuencia cualquier nuevo habitante está ligado a una maldición irrevocable y tendrán que enfrentarse a un ente lleno de dolor que hará lo que sea para vengarse de todo aquel que se le cruce en el camino.

Cierto que suena a tragedia griega, pero es un poco más sencillo, ya que La maldición renace tiene una estructura de slasher, en la cual los personajes mueren uno por uno a manos de Kayako, el ente con exceso de pelo y sonidos guturales terroríficos. La película llega quizá un poco tarde, cuando la flama del género de terror asiático ya se apagó hace varios años. Una realidad es que hubo remakes que nos dejaron auténticas joyas como El aro de Gore Verbinski, Agua turbia de Walter Salles, e incluso La maldición, conocida popularmente como la de Sarah Michelle Gellar. Pero ahora, dirigida por Nicolas Pesce (The Eyes of My Mother) toma la premisa original y la intenta convertir en un thriller policiaco con horror del barato.

Se dijo que hubo muchos contratiempos en el montaje y la edición del filme, tantos que su estreno se pospuso un par de veces. De ser así, se entienden los conflictos narrativos, de iluminación y de dirección de actores (por decir algunos), los cuales están de genuino espanto. Nuestro compatriota: Demián Bichir, quien viene directito de otro churro de horror hollywoodense con La monja, al parecer le encontró gusto a esto del susto prefabricado e interpreta a un policía aparentemente lleno de tribulaciones, cuya personalidad y diálogos son más grises que el maquillaje de los fantasmas que aparecen aquí.


 



Lo curioso de esta adaptación es que ni siquiera recurre a los clichés que estamos habituados; no hay sustos fáciles, el gore utilizado es mínimo ya que gracias a un sin fin de cortes en la edición, el espectador nunca percibe nada particularmente grotesco. Tiene problemas de ritmo y evidentemente enormes huecos en el guion. Al inicio la cinta se sitúa en la casa que conocemos tanto en la película original como en el remake, pero después desaparece, como si fuera un guiño, pero no funciona como tal. Drásticamente nos trasladamos a un hogar nuevo donde ocurrieron una serie de crímenes y los espíritus atrapados de tan desafortunados eventos persiguen a cualquiera que pise hasta al césped de su jardín. Se escuchan los clásicos sonidos guturales del villano original, pero aquí el sonido que caracteriza la saga proviene de todos los espíritus y realmente nada tiene sentido.

En resumen, un despropósito de principio a fin, aburrido, tedioso e innecesario. Desperdicia al elenco que sonaba prometedor y nos deja con la sensación que el futuro de todo esto debió haber sido el streaming en lugar de tener paso por la pantalla grande.

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