Maestras del engaño
Críticas
3,0
Entretenida
Maestras del engaño

Maestras del engaño, pero no de la comedia

por Cristina Ibañez
Las mujeres como seductoras expertas y los hombres, ingenuos ante sus trucos e ilusiones, pareciera que es la única fórmula que existe para una película de crimen y estafa protagonizada por dos exitosas actrices. De acuerdo con Maestras del engaño, está bien que los hombres sean víctimas de las artimañas femeninas y no es culpa de las mujeres que sean tan ingenuos ante sus trucos e ilusiones. Anne Hathaway y Rebel Wilson hacen una sátira  -muy al estilo Hollywood- de la "fragilidad" masculina, donde la estafa es impulsada por el motor de una política sexual. 

Josephine (Anne Hathaway) es la maestra de la estafa, con trajes de alta costura -y un intento de acento británico- que se vale de su astucia y tácticas de seducción para aprovecharse de cualquier hombre rico que conoce en la Costa Azul francesa. Mientras que Penny (Rebel Wilson), es una perversa estafadora que logra conseguir dinero mediante perfiles falsos de redes sociales. Ambas se aprovechan de las debilidades de los hombres para hacerse de fortunas millonarias. Pero todo cambia cuando tienen que convertirse en socias y enemigas al mismo tiempo. 



Aunque está dirigida por Chris Addison, quien estuvo detrás de algunos episodios de Veep, el guion no le permite al director encontrar estabilidad en la comedia. Al principio está repleta de artimañanas y diálogos ácidos, pero en los últimos minutos aterriza en lugares comunes, dejándonos con un mensaje amigable, lejano a una historia sinvergüenza de estafadoras. 

Sus antecesoras, Dirty Rotten Scoundrels (1988), protagonizada por Steve Martin y Michael Caine, y Bedtime Story (1964), con Marlon Brando y David Niden, se caracterizaban por su efecto estimulante y divertido - aunque no hay que olvidar que en su momento rayaron en lo anticuado-. No obstante, esta tercera adaptación, le inyecta un tono falso a la trama en su búsqueda por una marcada reinvención feminista. 

Ni la belleza de la ganadora del Oscar, Anne Hathaway, ni la irreverencia de Rebel Wilson son suficientes. Ambas son insípidas -aunque no tanto como el guion- y aterrizan en el terreno de lo absurdo. Hathaway, en ocasiones, se nota sobreactuada. Ni si quiera ellas rescatan los hoyos en el guion que nos llevan a la confusión e incongruencia. El mensaje social no está claro y Addison no logró mezclar de manera orgánica el discurso feminista con la comedia. Es evidente que Josephine y Penny son maestras del engaño, pero no de la comedia...
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