Roma
Críticas
4,5
Imprescindible
Roma

Personal, nostálgica e impecable en técnica. Gran regreso de Cuarón.

por Carlos Gómez Iniesta

Hay que aceptarlo aunque no nos guste el método: Parte de la genialidad de Alfonso Cuarón es su gran habilidad para jugar poker desde que anuncia un rodaje. Con éste, su octavo largometraje, creíamos adivinar sus naipes, pero la mano se abrió cuando tenía que hacerlo y fue para confirmar que traía una flor imperial. La sinopsis oficial que Netflix había compartido a los medios era sumamente escueta y de alguna manera, juntando piezas de aquí y allá, nos habían hecho creer que esta película tendría la funesta masacre, conocida como El halconazo, como su tema central. 

Ésta es una de las pocas veces que equivocarse sabe bien, pues nos enfrenta a una narración más íntima y más universal que la recreación de aquellos hechos. Sí, sucede en ese contexto con tufo al 68, pero éste sirve para montar el escenario donde se desarrollará la historia muy personal de Cleo (estupenda debutante oaxaqueña, Yalitza Aparicio), una de las jóvenes del servicio que trabaja para una familia en la colonia Roma –de ahí el título de la cinta, claro–. Ella pasa por los niños a la escuela, les da de comer, plancha su ropa, comparte la sala de televisión por las noches y, aunque no se le dé tanto crédito, sirve como apoyo emocional de casi todos ellos. Testigo silencioso de sus conflictos. Es una más de la familia, aunque Sofía (Marina de Tavira), la matriarca, sea brusca al ordenar que las labores de casa sean hechas cabalmente. 

Marina de Tavira como Sofía.

No tuve acceso al guión, como no lo tuvo nadie durante el rodaje. Pero debe ser desde ahí donde el pulso del realizador marcó la diferencia.  Un relato autobiográfico que fácilmente pudo haber cedido a los eventos macro sucedidos en el Distrito Federal entre 1970 y 71 (época en la que el director apenas tendría 10 años) como la violencia de estado, los terremotos, el circo de las campañas políticas y el ascenso de un nuevo presidente. O también, a la del microcosmos de su historia: un melodrama familiar de abandonos y perdidas. Pero en lo que radica la agudeza de este trabajo es la mano balanceada, el caminar en esa cuerda floja, que mezcla las dos corrientes. Una muestra de cómo la vida no puede detenerse para las personas comunes aun en medio de estos grandes eventos. Habrá una matanza que tendrá eco por años, pero eso no hace que se eliminen de tajo los temores y anhelos que cargamos hoy: Los bebés siguen naciendo –una de las mejores secuencias de su carrera–, continuamos sufriendo por amores no correspondidos, por las deudas que van creciendo, por encontrar una forma de sacar a los niños adelante. Y la mejor bofetada es que la vida de una sencilla empleada doméstica, su riqueza y profundidad, es el ejemplo fehaciente de este efecto, incluso sobre el ninguneo de las clases más beneficiadas.   

Sin la pirotecnia ni uso de tecnología de punta de Gravedad (2013) su trabajo anterior, la frugal técnica de filmación de Roma completa su logro. La sinigual dirección de arte de Eugenio Caballero son postales en blanco y negro recorridas por largos paneos y giros en 360 de la fotografía en 65mm a cargo del mismo Cuarón. Estupendo también el diseño sonoro, que, desde el afilador de cuchillos hasta los anuncios radiales de los cuales era imposible escapar, dan una riqueza visual y auditiva que despierta la nostalgia. Los años 70 reviven. Incluso los comportamientos sociales son precisos (y, sin embargo, uno piensa cómo carajos esos tiempos tan turbulentos pudieron ser mejores que los actuales).  Será difícil que el público fuera del país, incluso los que no fueron chilangos en ese entonces, valoren esa riqueza de elementos. Y es que no cualquiera puede combinar el rito televisivo de Ensalada de locos con un autotributo a su oda espacial en una misma cinta sin que ésta pierda su tono. Ojalá haya más oportunidades de verla en pantalla grande con todos los canales de audio para disfrutarla cabalmente.

Roma da varias lecciones a la vez. En lo técnico, por supuesto. Pero también en la demanda social al mostrar los campos de entrenamiento de paramilitares, las carencias del sistema de salud que aún padecemos, los robos de tierras, el valemadrismo de la burguesía. Alarma lo actual que esta visita al pasado puede ser. Pero sobre todos esos elementos, está la complicidad entre mujeres, su poder, su apoyo y voluntad para mantener una familia unida y no perderse en el intento. Son precisamente ellas y su vida lo que hace de ésta una de las mejores cintas de su autor. 

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