Un lugar en silencio
Críticas
4,5
Imprescindible
Un lugar en silencio

Historia de horror excepcional

por Claudia Llaca

John Krasinski inició su carrera en el 2000 y su primera gran oportunidad surgió en The Office al lado de Steve Carell y la verdad, nadie pensó que fuera un talento excepcional. Incluso se cuestionó mucho la decisión de que él interpretara a Jack Ryan en la nueva serie de televisión sobre el agente de la CIA. Y si había duda sobre su capacidad como actor, como director nadie apostaba por él.

Podría pensarse que las pocas expectativas que se tenían de Krasinsky han ayudado a generar la sorpresa que ha causado Un lugar en silencio, pero no es así. En apenas su segundo largometraje Krasinski sorprende como director de una cinta de horror verdaderamente excepcional.

El guion original de Un lugar en silencio, escrito por Bryan Woods y Scott Beck, contenía sólo un diálogo, pero Krasinki encontró la manera de adaptarlo para que el silencio no fuera lo único que se escuche. Y sin embargo no hacía falta, porque las imágenes que logra crear tienen tanta fuerza, que expresan lo suficiente para no necesitar de las palabras.

Y es que Un lugar en silencio es justo eso: un lugar donde cualquier sonido equivale a una muerte horrible. Es un mundo post-apocalíptico en donde unas criaturas -que no sabemos de dónde salieron- atacan a todo aquello que emita un sonido. En este mundo deshabitado y hostil, Lee Abbott (John Krasinsky), su esposa Evelyn (también su esposa, Emily Blunt), su hija Regan (quien es sorda, al igual que Millicent Simmonds, la actriz que la interpreta), y sus hijos Marcus (Noah Jupe) y Beau (Cade Woodward), intentan sobrevivir en una granja abandonada. Ahí han hecho todo a prueba de sonido y su mayor ventaja es que pueden comunicarse a través del lenguaje de señas que todos conocen gracias a la incapacidad de Regan.

El horror que se experimenta en este thriller es muy parecido al de Allien: el octavo pasajero: claustrofóbico, oscuro, expectante. El suspenso no decae ni un segundo gracias a la excelente dirección de cámara y escena de Krasinsky, quien logra sacar las mejores actuaciones de todo el elenco. Emily Blunt es soberbia, logrando transmitirnos cada gota de sudor y cada lágrima que el horror le provoca.  Millicent Simmonds no se queda atrás, para ella sí no hay diálogos y todo lo comunica a punta de expresión.

La cereza en el pastel es una historia original, de las que cada vez se ven menos. No puede decirse que hay giros de tuerca porque la trama es casi impredecible; y eso, es lo mejor que le puede pasar a una cinta de horror.

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