Un buen día en el vecindario
Críticas
3,5
Buena
Un buen día en el vecindario

Íntimo relato de un ícono estadounidense

por Iván Romero

Lloyd Vogel (Matthew Rhys) tiene una larga trayectoria como reportero en la revista Esquire. Particularmente su cinismo y una evidente carencia de empatía hacía que se alejaran de él, sobre todo sus entrevistados, ya que ha hecho que sus artículos terminen destrozándolos. En una vuelta del destino se le asigna hacer una historia sobre el conductor de programa infantil: Fred Rogers (Tom Hanks). La renuencia de Vogel ante un personaje tan particular como Rogers y la bondad de este último los lleva a confrontarse con cada uno de sus miedos en Un buen día en el vecindario.

Marielle Heller, la cineasta que el año pasado estrenó el entrañable retrato ¿Podrás perdonarme?, vuelve a tomar un personaje de la vida real para llevarlo a la ficción con una óptica auténtica y con sensibilidad extrema, zafándose del estigma que tienen las biografías hollywoodenses. Aquí toma un personaje importante en la historia de la televisión estadounidense, pero no se trata de él, sino que sirve de empuje para que el reportero afronte sus temores y se convierta en un viaje un tanto íntimo entre dos hombres completamente opuestos y cuyas personalidades y tribulaciones contrastan a tal punto que como espectador te identificas y sales emocionalmente tocado.


 



Era un riesgo llevar esta historia a la pantalla grande debido principalmente al factor Fred Rogers, un personaje sumamente emblemático en Estados Unidos, pero desconocido para el resto del mundo. Rogers fue un hombre con valores sólidos, educador, ministro cristiano y afamado presentador del programa El vecindario del Sr. Rogers, el cual era de corte infantil y duró casi 40 años al aire, estrenando en 1962 y trasmitiendo su último episodio el 31 de agosto del 2001. En él Fred navegaba entra la fantasía y la realidad, dirigiéndose a los niños con el objetivo de enseñarles lo que estaba bien y mal en la vida. El show tenía un aire un tanto tétrico, especialmente porque la personalidad del conductor caía un poco en la farsa, ya que se acompañaba de títeres, ciudades miniaturas y celebridades invitadas, a quienes en lugar de cuestionarlas las llevaba a reconocer su lado más amable.

Aparte de un guion muy bien estructurado, el corazón de Un buen día en el vecindario radica en los dos protagonistas y es justo la estupenda actuación de Tom Hanks a la cual le ha caído una serie de reconocimientos, incluyendo su reciente nominación a Mejor actor de reparto en los Oscar. Pero lo que hace el actor no es lo único que realza la película, ya que en un año en el que la competencia ha estado llena de brillantes interpretaciones y con grandes personajes en la industria del entretenimiento, llama la atención que Matthew Rhys esté fuera de las contiendas; quizá en otras circunstancias hubiera estado considerado a premios, ya que como contraparte de Hanks funciona a la perfección y el duelo histriónico entre ambos es electrizante y traspasa la pantalla hasta conmovernos y dejarnos hechos trizas.




Un buen día en el vecindario es otro estupendo ejercicio y ejemplo de cómo hacer una biopic y un escalón más en la prometedora carrera de Marielle Heller, quien por lo visto tiene mucho qué decir y sabe manejar los tiempos a la perfección en una producción hollywoodense. Significa también un gran regreso para uno de los actores más queridos en décadas: Tom Hanks y una ventana oportuna al respeto del mundo para enseñar quién era Fred Rogers y cuál fue su contribución a la industria del entretenimiento.

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