Limonada
Críticas
4,0
Muy buena
Limonada

¿Vale la pena el sueño americano?

por Tamara Cuevas

Este año, con fines de una segura reelección para el 2020, el presidente Donald Trump aseguró que Estados Unidos llevará a cabo redadas contra inmigrantes. El mandatario de la Casa Blanca confirmó que las redadas tienen como objetivo principal aquellos con antecedentes delictivos, sin embargo, también ha dado permiso para remover aquellas personas que hayan cruzado la frontera ilegalmente. En medio de esta situación se estrena en México, Limonada, el debut directorial en solitario de Ioana Uricaru, cineasta rumana.  

El filme es un eco del infierno en el que viven los residentes ilegales en Estados Unidos. Mara (Malina Manovici) es una madre soltera rumana, que ha llegado al país gracias a una visa de trabajo temporal que le permite laborar como enfermera en una pequeña clínica. Sin embargo, Mara no tiene intenciones de regresar a Rumania porque la economía de su país hace prácticamente imposible la manutención de su pequeño hijo, Dragos.




Por azares del destino o por la conveniencia, Mara se enamora de uno de sus pacientes: un norteamericano con tintes de violencia y con un pasado que incluye antecedentes criminales que ella desconoce. Ambos están enamorados y apresuran la boda para que Mara pueda tramitar su visa de residente permanente en Estados Unidos.

Inspirada por todo lo que vivió cuando era una joven estudiante en Estados Unidos, Ioana Uricaru decidió construir la historia de Mara incluyendo el shock cultural por el que ella misma atravesó, además de anécdotas reales de varias historias contadas por compatriotas rumanos, para los que era prácticamente imposible obtener el permiso legal para radicar en Estados Unidos.

Limonada no se trata de las grandes y peligrosas hazañas de un emigrante desesperado por obtener su green card (permiso de residencia legal), sino de las pequeñas y aparentemente inofensivas situaciones a las que se ven expuestos con tal de no quebrar la ley de un país racista. Ioana Uricaru juega sus cartas de manera lenta e inteligente, acrecentando la tragedia y la injusticia a tal grado que no puede más que provocar el enojo y la preocupación del espectador por Mara, una madre que arriesga todo por el sueño americano para su pequeño.




Pronto Mara se verá atrapada entre un esposo que la agrede físicamente –que la compara con una mexicana que, según él, haría cualquier cosa por una green card– y un agente de inmigración que se aprovecha de la situación desesperada de la mujer para chantajearla sexualmente. Sin más remedio, Mara tendrá que ceder ante el acoso del agente, quien promete otorgarle el permiso legal para quedarse en Estados Unidos a cambio de tener sexo con él, pues desde su punto de vista –racista e ignorante– todos los que quieran entran a su país tienen que ofrecer algo a cambio: Mara tiene que ofrecer su cuerpo.




A Mara le llueve sobre mojado, como diríamos los mexicanos...que no necesariamente haríamos cualquier cosa por una green card, gracias. Y es en medio de tanta tragedia que Ioana plantea una salida viable pero igualmente difícil para su personaje que podría o no asegurarle una vida tranquila en América.

Limonada se aleja de esos largometrajes con espíritu redentor, cuyo único objetivo es demostrar que en Estados Unidos las cosas no son tan malas para todos. El final de Mara y su pequeño Dragos es sencillo pero potente y conmovedor, en el que se hace presente apenas un poco de luz al final del túnel. Limonada estrena este 9 de agosto en México. 

 

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