Contra lo imposible
Críticas
3,0
Entretenida
Contra lo imposible

Todo el crédito para James Mangold

por Rubén Peralta Rigaud

En la década de 1960, Henry Ford II (Tracy Letts) decidió actualizar su imagen corporativa compitiendo a nivel profesional en carreras y negocia con Enzo Ferrari (Remo Girone) la compra de su compañía, cuya escudería ha logrado gran éxito en los últimos años, pero está al borde de la bancarrota. Con desacuerdos sobre los términos y condiciones, la negociación fracasa y es cuando Ford decide construir su propio auto de carreras para vencer a los italianos en las prestigiosas 24 horas de Le Mans. Bienvenidos a Contra lo imposible (Ford v. Ferrari).

Para lograr este objetivo, autoriza a su asertivo vicepresidente, Lee Iacocca (Jon Bernthal), quien ya había contribuido en la reorientación de la marca. Sin importar el costo, forma un equipo de especialistas para construir el auto perfecto. Lee se pone en contacto con Carroll Shelby (Matt Damon), quien ganó la famosa carrera de larga distancia en el Sarthe como piloto y construyó el automóvil deportivo AC Cobra implantando un motor Ford V8 en un automóvil británico.




Shelby está feliz con la idea, pero le apunta que se necesita un conductor de pura sangre al volante para esta misión. La elección recae en Ken Miles (Christian Bale), quien con su pasión por las carreras de autos es seguido de cerca por su hijo Peter (Noah Jupe). Miles está escéptico al principio, especialmente porque Carroll cree que puede construir el auto en tres meses. Así que trabaja bajo una gran presión de tiempo en el desarrollo del GT40, que debería traer la victoria contra la competencia italiana.


El primero (Shelby) es un artista e ingeniero, equilibrado y pulido, este último (Miles) es un veterano de guerra, a menudo con pocas emociones, frío, volátil y no es la imagen que a Ford le gustaría llevar a una competencia de renombre mundial. Pero convencidos de que Miles es el único hombre que puede conducir la nueva máquina de velocidad, el dúo se embarca en un viaje clásico de películas deportivas en la que los egos masculinos se lastiman hasta un punto a veces ridículo y con el reto de que las empresas enfrentan la amenaza de una bancarrota irreparable y la ganadora tendrá cierto prestigio y podría ser rescatada.



Hay elementos cliché que son permitidos dentro de la narrativa, ya que el personaje de Enzo Ferrari se coloca como villano, así como el personaje de Josh Lucas, Leo Beebe, el ejecutivo de relaciones públicas. Ambos, con la lógica de sus posiciones, toman la correcta decisión acerca de varios hechos, pero el director James Mangold (Logan) y los guionistas Jez Butterworth, John-Henry Butterworth y Jason Keller los hace ver como los malvados de la historia, algo que carece de sentido. Fuera de esto, Ford v. Ferrari es estimulante tanto dentro como fuera de la pista.


El corazón y el alma de la historia es la química de Matt Damon y Christian
Bale. Hay una pelea que se lleva a cabo entre ellos que parece ser una entre hermanos de mediana edad y es realmente hilarante. Las conversaciones entre ellos, los chistes y la camaradería, nos hace creer que eciste más que una mera relación de negocios; el talento de estos actores está en su cenit, ya que juegan con acentos, jerga y sentimientos. Ambos personajes navegan entre el drama y la comedia, pero sin caer en sus extremos. Es una delicia ver todas sus escenas juntos.



En cuanto a la cinematografía, el diseño de sonido, la edición y las impresionantes secuencias de carreras, zumban a un ritmo impresionante, pero también permite algunas paradas emocionales y humorísticas en el camino. Ford v. Ferrari es como una película de narrativa clásica, con énfasis en autos realmente rápidos, personajes simpáticos y situaciones conocidas. Divertida, con el sello Disney a sus espaldas, pero sin ser esto una etiqueta negativa en su portada. Todo el crédito a James Mangold, quien claramente sabe lo que quiere y simplemente lo logra. Hay un momento en que la historia podría haber terminado, pero el director lleva los eventos más allá de la línea de meta y maniobra hábilmente una conclusión agridulce.

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