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    Midsommar - El terror no espera la noche
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Midsommar - El terror no espera la noche

    El horror popular de combustión lenta en su máxima expresión.

    por Rubén Peralta Rigaud

    Midsommar: El terror nos espera la noche, la nueva película del director Ari Aster inicia con una tragedia, que deja a Dani (Florence Pugh) en un estado vulnerable, lo que le dificulta a su novio, Christian (Jack Reynor) poner fin a su problemática relación con ella. Meses después, en un intento por mantenerla feliz, o tal vez por pura culpa, la invita a unirse a él y a sus tres amigos en un viaje a un pueblo remoto en Hälsingland, Suecia para participar en su festival de verano, un evento que sólo ocurre una vez cada 90 años.

    Aster tiene muchas ideas que mostrar y explotar en Midsommar. Su primer largometraje, El legado del diablo (2018) utiliza ideas e imágenes fuertes para exponer lo terrible que es cuando toda una familia es afectada por los antecedentes de una enfermedad mental. En esta película usa el mismo truco, pero con la agitación emocional de una relación tóxica. Aster parece haber reconocido y replicado el interminable suspenso que surge al observar a dos amantes, que se odian en secreto, intentando posponer la inevitable ruptura. Para peor, esa sensación de conclusión inevitable puede ser palpable desde el primer acto de la película. A medida que la historia avanza, el suspenso aumenta como si no tuviéramos idea de a dónde irá. Pero si sabemos algo, no terminará con un final feliz. 

    La cinta fue realmente filmada en Hungría.

    Una vez que hemos sido devastados por su secuencia de apertura, la cinematografía invertida de Aster nos lleva a través de los caminos sinuosos del país, ayudados por la siniestra musicalización de Bobby Krlic (Triple 9), asegurando que este será un viaje sin retorno. El director de fotografía, Pawel Pogorzelski, con quien también trabajó en su largo anterior, pinta imágenes inolvidablemente incómodas de luz brillante, difusión suave y una paleta de colores pasteles con herramienta llena de una ironía maléfica. Este uso de colores contrasta con las intenciones y mucha de las imágenes presentadas. Es perfecto. 

    Impulsar el peso emocional de la película es el desempeño de Florence Pugh, que, como el de Toni Collette en El legado del diablo, es un tour de force y digno de todos los elogios que seguramente recibirá, esta fantástica. Sin embargo, Aster eleva la apuesta inicial de su primera película y ofrece un extenso descenso a un infierno feliz de casi dos horas y media, y al igual que en su película anterior, llega a un desenlace sangriento que lleva a una conclusión inevitable e inolvidable. Su dominio del lente es perfecto, más aún en su capacidad para evocar temor en la audiencia que, incluso después de abandonar la proyección, sentirá sus efectos durante algún tiempo. Se nota que no está terriblemente interesado en reinventar la rueda cuando se trata de la estructura narrativa, y se apoya mucho en el clásico de terror The Wicker Man de 1973, por lo que, aunque las audiencias más experimentadas no saben exactamente qué va a suceder, todos tenemos una idea en general de que todo esto está conduciendo a alguna clausura violenta e inquietante, y la tensión eventualmente da paso a la mera impaciencia.

    Midsommar es el horror popular, pero de combustión lenta, en su máxima expresión. Aster constantemente eleva la tensión antes de retroceder de nuevo, y luego abofetearte en la cara justo cuando pensabas que estabas a salvo. Es a veces una pesadilla alucinante y en otras ocasiones, sanguinario y perturbador, pero increíblemente efectivo, sobre todo cuando aborda el sentimiento de pérdida. La película tampoco carece de humor, y con frecuencia provoca episodios de risas incómodas. Los mejores momentos se producen cuando Aster evita la incómoda y obvia costumbres de este culto, y lo propone como algo natural, lo obvio para ellos es siniestro para nosotros. El momento más inolvidable y catártico de la película no viene de mano de imágenes llenas de violencia o maldad, sino la escena en la que una habitación llena de miembros de culto respira con Dani, grita junto a ella y comparte su increíble dolor. Puede parecer gracioso al leerse, pero cuando conozcas los motivos, tendras piel de gallina...

     

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