Retrato de una mujer en llamas
Críticas
5,0
Obra maestra
Retrato de una mujer en llamas

Fascinante romance de época

por Iván Romero

El 2019 fue un año sumamente importante para la industria fílmica mundial. El cine hollywoodense indudablemente nos dio grandes piezas y varias de ellas destacaron viniendo con el sello de la nueva revolución del streaming, por lo que el cambio es definitivo y marcó una pauta que tendrá repercusiones. De la misma manera, las propuestas de otros países llegaron a obtener varias preseas, incluso derribando a las producciones estadounidenses. Francia, específicamente, se alzó con más de algún galardón gracias no sólo a una, sino a dos películas que trascendieron las fronteras del idioma y lograron enamorar a la audiencia; la primera es Los miserables de Ladj Ly; la segunda es la maravillosa: Retrato de una mujer en llamas de Céline Sciamma.

La historia se centra en la Francia de 1770. Marianne (Noémie Merlant) es una joven y talentosa pintora que recibe una importante encomienda: realizar un retrato de bodas de Héloïse (Adèle Haenel), quien está a punto de casarse por presión familiar, pero está llena de dudas respecto a su compromiso. Héloise acaba de salir del convento, por lo que está descubriendo al mundo. Marianne tiene que realizar un retrato que refleje a la otra chica, quien no se muestra fácilmente, por lo que la investigación de una a la otra las sorprenderá en más de un sentido.


 



Para la cineasta y guionista francesa: Céline Sciamma, Retrato de una mujer en llamas es tan solo su cuarta película, lo cual indudablemente vislumbra un futuro prometedor en el contar y montar historias para la ficción. Su discurso en los filmes previos como Naissance des Pieuvres (2007), su ópera prima y que también fue protagonizada por Adèle Haenel, fue tan solo el inicio de lo que ahora son cuatro películas (sumando Tomboy y Girlhood) que remarcan la feminidad, la madurez emocional y la identidad sexual. Su relato nos toma por sorpresa, porque Retrato de una mujer en llamas es sumamente poderoso de principio a fin; en sus actuaciones, texto, apartados técnicos, pero principalmente en el poder que logra Sciamma en cada uno de sus fotogramas. Sus imágenes se impregnan en la menta del espectador y, cual poema, se quedan en la memoria colectiva como una de las grandes historias de amor de los últimos años, paradójicamente narrada dos siglos atrás.

Retrato de una mujer en llamas no fue seleccionada por la academia francesa para enviarla a contender por la nominación al Oscar; en lugar de ella Los miserables resultó más oportuna para poder concursar. Sin embargo, el filme fue nominado en los Globos de oro como Mejor película de habla no inglesa. El Festival de Cannes premió a Céline con Mejor guion y a estos les siguieron reconocimientos en los BAFTA, National Board of Review, Premios César, Goya, entre muchos más. La película trazó su camino sola, porque así sucede muchas veces con obra maestras como esta.




Es casi imposible no ser grandilocuente al no expresarse de esta cinta con adjetivos que subrayan o derivan en una majestuosidad visual y narrativa. Alude, sin duda, a la etiqueta de filmes sobre la identidad sexual por la naturaleza y el encuentro posterior de sus personajes, pero aquí, por más ridículo que suene, no son sólo Marianne y Héloïse, son dos mujeres, dos seres que se encuentran en un momento particular de sus vidas y que provocan mutuamente una serie de cuestionamientos que terminan en una explosión nuclear.

Retrato de una mujer en llamas no habla sobre el primer amor, como lo hacen obras como Llámame por tu nombre (2017) o Sólo nos queda bailar (2019) y con los cuales se ha comparado. Su discurso, narrado maravillosamente por miradas, va más allá. Es un acercamiento a la existencia de otras personas, mundos, más allá del que el que tenemos a primera vista. No es necesario tampoco una serie de diálogos para ser romántica, pero sí es a través de las imágenes que quedamos prendados de esta historia, de la misma manera que a sus protagonistas.




Noémie Merlant resulta una revelación, a pesar de tener una larga trayectoria en su país dentro de la industria, y Adèle Haenel sólo reafirma lo fácil que es para ella salirse de personajes creados en universos de maestros como son los Dardenne, Arnaud des Pallières o Robin Campillo y naturalmente posicionada como una de las mejores actrices francesas de los últimos años.

En Retrato de una mujer en llamas hay pertinencia, certeza, profundidad y un amor al cine tremendo. Hay tramas interesantes y transgresoras detrás de la historia de estas dos mujeres en el filme, pero no tocaremos esto, ya que resultaría estropear la sorpresa para quien apenas se acerca a la cinta, pero podemos apostar que las personas no saldrán inertes a este viaje emocional, ni pasará de largo cada encuadre que Céline Sciamma retrata a estas dos mujeres en llamas.

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