Jugando con fuego
Críticas
2,0
Pasable
Jugando con fuego

Jugando con el cliché

por Tamara Cuevas

A veces menos es más y la comedia hollywoodense lo tiene que entender. Jugando con fuego, dirigida por Andy Fickman, es una de esas comedias que en lugar de provocar una carcajada sincera, dan pena ajena.

El metódico y fortachón bombero brigadista Jake Carson, interpretado por un arquetípico John Cena, está completamente enfocado en salvar vidas del fuego mientras la suya se quema en el aburrimiento. Su vida dará un giro de 360 grados cuando los tres niños que rescató de un incendio pasen el fin de semana en la estación de bomberos en espera de que sus padres aparezcan.

 

 



A Jake lo acompañan sus tres súbditos y colegas, Mark (Keegan-Michael Key), Rodrigo (John Leguizamo) y Hacha, que se ha ganado su apodo por cargar siempre con un, adivinaron, hacha. Tanto Michael Key como Leguizamo hacen un trabajo espléndido por salvar el barco con actuaciones que parecen espontáneas - de Key no se puede esperar menos si conocemos su currículo - pero sus buenas intenciones se ven opacadas por un guion que no tiene muy claro cómo hacer reír al espectador.

En Jugando con fuego, además de chistes forzados cada minuto, hay chistes que podrían parecer un poco inapropiados tratándose de una película cuyo target son los más pequeños de la familia. Si bien la duración de la cinta, una hora con 36 minutos, está dentro de lo normal, por momentos se vuelve cansado esperar que aparezca el John Cena que sorprendió con dotes para la comedia en Esta chica es un desastre. En cambio, tenemos a un Cena que lucha por ganarse la etiqueta del rudo sin sentimientos que también puede ser cómico y sentimental. No me malinterpreten, John Cena logra su cometido pero... ¿la gente de verdad quiere seguir viendo esa historia? ¿No había ya un par de películas de ese mismo corte? ¿No las vieron?

No soy nadie para responder por la mayoría de los espectadores, pero estoy de testigo que en la sala de cine Keegan-Michael Key provocó las risas más sinceras en su papel del niñero sensible. Aunque Jugando con fuego pasará desapercibida y, probablemente, nadie la recuerde en un par de meses, es una película que no pide demasiado del espectador, si acaso sólo que soporte unos cuantos clichés en la historia sin desesperarse, y que aunque ya sepa en cuál es el final, no se pare de la butaca y se salga para ver Doctor sueño

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