Little Joe
Críticas
3,0
Entretenida
Little Joe

La felicidad como producto de venta

por Iván Romero

Little Joe es el primer filme en inglés de la austriaca Jessica Hausner (Lovely Rita), quien inició su recorrido en la pasada edición del Festival de Cannes. La cinta podría ser descrita como un híbrido entre La invasión de los usurpadores de cuerpos y La tiendita del horror, pero sofisticado y manufacturado para una generación adicta a productos como Black Mirror.

El guion es de la misma Hausner, quien anteriormente entregó filmes como Lourdes o Amor Fou, este último también fue recibido en Cannes en la sección Una cierta mirada en su momento. Aquí, como si fuera una película de serie B -en premisa- centra todo en un grupo de especialistas que trabajan en Planthouse Bioctechnologies, estos experimentan y diseñan una planta genética cuyo objetivo es hacer feliz a la gente. Los efectos de la planta realmente no fueron calibrados a pesar de encontrarse en una fase de desarrollo, por lo que muchas cosas salen mal.




La propuesta como tal no deja de tornarse interesante, aunque más en concepto que en ejecución. Si algo es loable es esta atmósfera entre thriller y capítulo de La dimensión desconocida que se mantiene de principio a fin. Little Joe respira en cada momento las características del cine austriaco, a pesar de contar entre sus protagonistas con talento británico como Ben Whishaw y Emily Beecham, quien por cierto se alzó con el premio de la Mejor actriz en Cannes, sorprendiendo a más de uno. Hago énfasis de sorpresa no porque el trabajo de Beecham no sea bueno, sino que tenía una serie de contendientes cuyos filmes fueron mejor recibidos que Little Joe.

El final de ese camino es justo su talón de Aquiles, ya que la misma convención de su premisa nos hizo caer en la trampa y lo que prometía convertirse en algo más complejo termina siendo un filme de horror, elegante, pero sumamente reiterativo y básico. Hausner hace referencias obvias al cine de David LynchYorgos Lanthimos o hasta el mismísimo Stanley Kubrick con planos abiertos y claros creando una amplitud en su universo que provoca irónicamente un encierro; los personajes en esta “noble y desinteresada” empresa viven en este microcosmos las 24 horas, su directora raramente los ubica en otro mapa distinto y cuando lo hace sólo sirve de puente para regresarlos a este invernadero del horror.




Los acordes del score que Hausner utiliza en momentos claves de la película son brillantes y hace que más de uno encaje sus uñas en el asiento, aunque desafortunadamente su edición los corta abruptamente y te saca de esta tensión que tras varios segundos se estaba construyendo de manera autentica. Si bien, sus fallas son más que evidentes, Hausner deja sembradas tenuemente un par de premisas que valen la pena recapitular: la felicidad como producto de venta y el protocolo intransigente de empresas que se dediquen a la experimentación genética.

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