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    Mano de obra
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Mano de obra

    La fallida rebelión del oprimido

    por Miguel Martínez

    El cine puede ser un medio para mostrar mediante un trabajo artístico las deficiencias y brechas que una sociedad contemporánea puede tener. En el caso específico del cine mexicano, la exposición de la desigualdad social y laboral ha sido un tema recurrente que se ha explorado a lo largo de la historia. Desde la crudeza de Los olvidados, del eterno Buñuel, hasta la hipnótica propuesta del 2018 titulada Tiempo compartido, dirigida por el capitalino Sebastián Hofmann. A esta tendencia de la cinematografía nacional, se suma Mano de obra, el primer largometraje de David Zonana. 


    La cinta cuenta la historia de Francisco (Luis Alberti) 
    un albañil que trabaja junto con Claudio, su hermano, en la construcción de una lujosa casa al sur de la Ciudad de México. Tras la muerte de este último en un accidente durante su jornada laboral, Francisco se entera que su cuñada, ahora viuda, no recibirá ninguna clase de indemnización por parte del dueño de la obra. Él, sin embargo, trata de conseguir justicia a través de vías legales, pero no tiene éxito. A raíz de ello, Francisco y un grupo de albañiles buscarán justicia no solamente por el nulo apoyo recibido por parte del dueño, sino también por una vida marcada de carencias, contrastes y opresión.


     




    P
    uede decirse que el filme participante del 17 Festival Internacional de Cine de Morelia pertenece al involuntario universo cinematográfico que durante los últimos años se ha forjado en el cine mexicano, donde la idea principal de la obra se centra en la venganza que tiene un trabajador de clase media-baja contra sus patrones, esta derivada de años de opresión y transgresión a sus derechos laborales y humanos. Una idea que han explorado cintas como Workers (Valle, 2013) y la ya mencionada Tiempo compartido (Hoffman, 2018) desde distintos ángulos.



    A través del personaje de Francisco, Zonana nos sumerge en un revelador viaje donde un hombre cuya vida está marcada por claras limitaciones económicas y pocas posibilidades de crecimiento personal debido a su status social, es llevado a un cambio repentino donde ya no es el eslabón más débil de un sistema laboral corrupto e injusto. 
    Pancho emprende una rebelión con el fin de exponer y contrarrestar a este sistema. Sin embargo, a raíz de una serie de situaciones que causan inestabilidad en su remota zona de confort, aprende que es esta estructura social la que le enseña cómo debe comportarse y adaptarse al modus operandi que inicialmente lo sometía, pero que ahora debe ejecutar para avanzar -sin importar a quien tenga que pisotear para ascender sobre los demás.






    Es mediante un sobresaliente contraste de locaciones que va de una lujosa vivienda del Pedregal a una colonia popular, donde Zonana muestra la rutina que Pancho y el resto de los albañiles debe soportar día a día. Una rutina caracterizada por el uso de yeso, cemento, herramientas, cumbias, el refresco para la comida y unos cuantos albures, pero que también desnuda los abusos que los trabajadores de una obra en construcción pueden sufrir como el claro abuso contra sus derechos laborales y la falta de pago que se resuelve con un “no me ha llegado tu parte”. 


    Cabe mencionar que Mano de obra presenta en sus filas actores no profesionales, otra que ha sido una constante en el cine nacional de este decáda y que funciona como recurso alterno para algunos directores como Amat Escalante y ahora David Zonana para brindar una experiencia más natural y real. Salvo el caso de Luis Alberti, el resto de los participantes carecen de experiencia frente a la cámara. Es aquí donde el director del largometraje seleccionado para el Festival de Cine Toronto muestra quizá su mayor mérito como realizador, ya que Zonana logra que su ensamble actoral exprese con creces en pantalla las carencias y la incertidumbre que viven sus personajes a lo largo 82 minutos de duración de la cinta.





    Con un ritmo que construye poco a poco sus atmósferas, el filme escrito por el propio Zonana exhibe también la capacidad que tiene una sociedad como la mexicana para corromper a cualquier ciudadano cuando le das un poco de poder en sus manos. No importa si es el más vulnerable, el más violentado, el más reprimido. La sensación de poder, la corrupción y el famoso “te chingo y me aprovecho de tus debilidades porque puedo y quiero” son rasgos que pueden presentarse en cualquier estrato social y Mano de obra deja en claro eso. Lo que comienza como un tenaz intento de anarquía y desobediencia contra un sistema, se convierte en una dura reflexión sobre los vicios que permean actualmente en el tejido social de nuestro país. 


    Mano de obra
    es un contundente trabajo que ofrece una mirada a uno de los tantos sectores sociales que son violentados en el ámbito laboral día a día. Aquellos que sabemos que existen, pero que pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre la dura situación personal y laboral que puedan atravesar. Ante un año de pocos reflectores para el cine mexicano independiente, David Zonana se asoma como otra voz que buscará forjar una carrera en la industria cinematográfica mexicana cuya mayor necesidad son historias que aporten algo más que entretenimiento barato al espectador. 


     




    Mano de obra se abre en México en el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia). 

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