Los miserables
Críticas
3,8
Muy buena
Los miserables

Una potente mezcla entre 'Día de entrenamiento' y 'Ciudad de Dios'

por Carlos Gómez Iniesta
Una de la sorpresas más grandes del Festival de Cannes ha sido Les Miserables, del frances Ladj Ly, quien practicamente era desconocido hasta su presentación y ha sido la mejor cinta de los primeros días de la competencia. Un retrato de los mecanismos de control de los peligrosos suburbios de París.

Les Miserables abre con las celebraciones del pasado Mundial de Futbol donde Francia ganó la copa. Imágenes poderosas donde los ciudadanos retacan el Arco del Triunfo entre banderas tricolores. Gente de todas las clases, de todas las edades, eufóricos. Justo ese día es el primer día de trabajo del agente Stéphane (Damien Bonnard) que se incorpora a la Brigada Anticriminal de la capital. Ahí le asignan a Chris y Gwada como compañeros de rondín de Montfermeil, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. 

Los veteranos alardean de inmediato sobre cómo mantienen el control de las calles. Le hacen un recorrido al nuevo para presentarle a aquellos capos a los que hay que respetar y para que padezca con sus novatadas. Es un territorio donde los guetos, practicantes del islam, africanos, gitanos, conviven en una tensa calma. Issa, uno de los niños del barrio, prenderá la mecha enmedio de la ya de por sí tensa calma. Y un torpe operativo desembocará la brutalidad policiaca que tendrá serias consecuencias. 


Ahora mezclen Día de entrenamiento, Ciudad de Dios e incluso la forma de operar de los adolescentes de Attack the Block. Mencionemos que el título de la cinta no es otra fiel adaptación de la obra de Víctor Hugo pero quizá podamos encontrarle referencias. No sólo porque hay citas tomadas del libro, sino por ciertos elementos como un policía implacable y vengativo o las barricadas contra los que representan al estado. Ly presenta en su tercer acto una destacable técnica cinematográfica que combina acción y suspenso, pero con el dolor de ver a las juventudes desbordadas, perdidas, actuando con una violencia sin temor a su respuesta. E incluso un dilema moral ¿es justo lo que están haciendo?

Parte de la emotividad y la preocupación por los personajes es por la inteligente decisión de poder conocer a los personajes más allá del violento clima que satura al barrio. Ninguno de los dos bandos son anónimos. También los podemos conocer cuando llegan a casa después del trabajo, buscando consuelo y comprensión de sus madres, hijos o esposas. Crece la preocupación por ellos y lo que puedan sufrir en las calles. 

Es cierto que Los miserables pareciera que tiene varios finales. Pero es un defecto que se puede perdonar al haber navegado en las peligrosas aguas del panfleto para, en su lugar, hacer una fuerte llamado a la sociedad. ¿Cuál es la herencia que el comportamiento de los adultos le deja a la juventud?  ¿Será posible querer controlar todo con la violencia? ¿Qué tanto pierde alguien si nunca ha tenido nada y el futuro no luce esperanzador? Destaquemos el trabajo del joven Issa Perica, uno de los que ya deberían de estar en el ojo de los jueces para premiar su actuación. 


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