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    Muerte al verano
    Críticas
    3,5
    Buena
    Muerte al verano

    Una sorpresiva ópera prima

    por Iván Romero

    Dante (Yojath Okamoto) es un adolescente que vive - en sus propias palabras - en una ciudad gris donde nunca pasa nada; con eso inicia el relato de Heridas de verano. El lugar del que habla (que por cierto nunca se menciona su nombre), de pronto pareciera ubicarse en un futuro distópico, donde no pasa el tiempo. El protagonista proveniene de una familia fracturada, resultado de un padre ausente, un hermano mayor en coma y una madre que encuentra el sentido de la existencia vendiendo zapatos. Son sus amigos en quienes encuentra refugio y alivio ante el vacío inminente que significa llegar a casa.

    Con ellos forma una banda de heavy metal a la cual incluyen en una convocatoria para ser teloneros de Necrosis, el grupo de death metal más famoso de la época. Todo va bien, hasta que llega Lucy (Ana Valeria Becerril), una chica encantadora que acaba con el verano de Dante y de paso es un problema para él, ya que es la novia de su hermano.




    La ópera prima del director Sebastián Padilla resulta una sorpresa, ya que sale airosa por su impecable montaje y por contar una fábula juvenil modesta, pero encantadora. El filme está estructurado de manera orgánica mediante un conteo hacia el día del gran concierto en el que participa la banda de Dante, pero el verano trae consigo una cantidad de eventualidades que ponen a prueba la paciencia del chico interpretado por un prometedor Yojath Okamoto.

    El viaje para poder cumplir los sueños del protagonista es sencillo en la premisa, pero sincero en el resultado. Por otro lado, la manufactura del filme es uno de los puntos a destacar. El oficio de Padilla como director es logrado y lo domina. Junto a su equipo de edición, fotografía, puesta en escena y la musicalización parece hablar de un cineasta con vasta experiencia y esto lo pone en el mapa de directores a seguir.

    Al ver Heridas de verano es inevitable no pensar en el coming of age mexicano Somos Mari Pepa de Samuel Kishi (Los lobos) e incluso en el filme inglés Sing Street, aunque en este último el contexto social es opuesto. En ambas referencias hay un sinfín de cosas similares: la banda de música en busca de la atención, un elenco juvenil bastante entusiasta. Otro aspecto que llama la atención es la atracción del protagonista por una chica con problemas familiares y personalidad fuerte, decidida y desfachatada; un arquetipo alejado del perfil de la protagonista femenina convencional.





    El personaje de Ana Valeria Becerril sirve como punto para que el protagonista descubra el amor por primera vez y experimente sentimientos como celos, incertidumbre y arrepentimiento. Esto funciona gracias a la buena dirección de Padilla y a un texto que no pretende abordar el tema del primer amor de una manera dolorosa, sino casual, alejados del melodrama y de los artificios del género.

    Heridas del verano es una propuesta fresca, un coming of age cuyas pretensiones rosan de pronto la línea de un Temporada de patos o hasta incluso de Güeros. Cierto es que no llega tampoco al nivel de las mencionadas, ya que es un producto que se siente mucho más comercial que independiente. Un filme sensato capaz de encontrar su público y un cineasta del cual esperaremos con cierto anhelo su siguiente apuesta.


    Heridas de verano se estrena en México en el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia).

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