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    El viaje de Keta
    Críticas
    1,0
    Muy mala
    El viaje de Keta

    El inalcanzable viaje de una chica solitaria

    por Uriel Linares

    El camino más fácil siempre traerá grandes consecuencias, aún más si mezclas una latente soledad, un amor muy particular por toda clase de drogas y cabello rosa; esto es parte de El viaje de Keta, cinta mexicana que de acuerdo a sus debutantes directores, Julio Bekhor y Fernando Sama, busca ser un conducto reflexivo sobre la drogadicción en nuestro país, ¿habrán conseguido su cometido o sencillamente perdieron su rumbo?


    Keta (Mayte Vallejo) es una mujer joven que vive sola en su departamento y sus numerosas deudas le llevan a tomar ése camino fácil: convertirse en una modesta dealer de toda clases de drogas, mismas que vende a toda clase de clientes, si tienen dinero para pagar, Keta hará el viaje y lo entregará en persona. Además las recetas psicotrópicas de la excéntrica Lucrecia (Madela Bada) le dan un valor agregado al pequeño, pero redituable negocio.

     



    Con sólo dar un simple vistazo al reparto es evidente que se encuentra conformado por múltiples estrellas de la pantalla e incluso reconocidas intérpretes: Leticia Huijara, Fabiola CampomanesPatricia Reyes SpíndolaMónica Huarte, Regina Orozco, Daniela SchmidtLaura de ItaMónica DionneAngélica María, entre muchos otros.


    Es verda que se trata de una larga lista de nombres famosos y muchos de ellos queridos, sin embargo, el trasfondo con El viaje de Keta es más sencillo de lo esperado, demostrando que el polémico tema de la drogadicción no fue suficiente para tener un argumento lo suficientemente estable para desarrollar en un largometraje. Durante una hora y 44 minutos decisiones vacías y reflexiones ridiculas rodean a todos personajes, ¿sexo, drogas y excesos sin razones claras? Sí, la fórmula de toda la cinta que buscó en el humor un salvavidas que jamás apareció.


    A lo largo de la cinta se explican los diversos efectos que tienen ciertas clases de drogas, incluso es posible ver la reacción que tienen en la vida de los consumidores; por supuesto, a la larga y obsesivamente, nada bueno. A pesar de su preocupación por informar al público, no consigue nada que una sencilla búsqueda por internet no haga; esto denota que la cinta es incapaz de tener una visión clara y en todo momento salta de problemática en problemática; esto dificulta su narrativa y vuelve predecible el resto de la producción.



    Por otra parte la inexperiencia de sus realizadores terminó siendo un factor relevante al atribuirse permisos experimentales (mal ejecutados) que buscaban sumergir al espectador en un mundo lleno de alucinaciones y distorsiones por los efectos de las drogas. Tener apuestas nuevas siempre es plausible, pero no cuando deficiencias artísticas en las apuestas visuales dañan constantemente la experiencia del público.


    Hay millones de apuestas con cortes independientes y temática de drogadicción por todo el mundo que nos lo han demostrado, simplemente con recordar Natural Born Killers de Oliver StoneTrainspotting de Danny Boyle, podemos tener un idea más clara que, a pesar de sus retorcidas historias, los personajes tenían caminos definidos con reacciones, sí, explosivas, pero dentro de su propia lógica.


    Sin embargo, a lo largo de la ópera prima de Julio Bekhor y Fernando Sama, pude notar la falta de conocimientos traducidos en exposiciones de luz erróneas que iban de la mano con una insuficiencia en su balance de blancos, esto en cada escena. Sin dejar de mencionar el eco sonoro que constantemente ocultaba los diálogos de los numerosos personajes entre el rebote de cuatro paredes. Esto es imperdonable para una producción que busque generar un impacto verdadero.



    Gran parte de la cinta recae en los hombros de Mayte Vallejo y Madela Bada, quienes presentaron rostros inexpresivos y sobreactuaciones que, al combinarse con las carencias técnicas de sus directores, terminó por hacer polvo cualquier esperanza que aún pudiera llegar a existir sobre la historia de una dealer sin personalidad ni presencia en pantalla.

    El viaje de Keta se encarga de autodestruirse a sí misma con la constante falta de ingenio artístico y nula claridad en su historia; al final no importó si tenía un reparto capaz de llevar por buen camino el tema de la drogadicción, la delgada e inestable apuesta de sus debutantes directores llevó a la pintoresca Keta a uno de los rincones más oscuros de la cinematografía moderna en nuestro país.

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