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    La apariencia de las cosas
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    La apariencia de las cosas

    Una película que no es lo que parece

    por Tamara Cuevas
    Como simples mortales, el más allá representa, tal vez, una segunda oportunidad. No sabemos lo que existe una vez que el alma ha abandonado su depósito de carne y hueso y la idea es, a veces, aterradora. Si mientras vivimos, nuestro dolor habitó los lugares que nosotros, entonces el de otro también lo hizo y, antes de ese otro, hubo alguien más; la cadena se extiende hasta el infinito. ¿De qué manera se arraigará nuestro dolor a lo terrenal una vez hayamos partido?


    En La apariencia de las cosas, Catherine Claire (Amanda Seyfried) y George Claire (James Norton) conforman un matrimonio en la década de los 80 que, en apariencia, es de ensueño: ella es una restauradora de arte y el un teórico de arte a quien le ofrecen un trabajo como profesor en una universidad privada del norte de Nueva York.

     

    Catherine, George y su pequeña hija Franny, se mudan a una casa que parece tener demasiada historia. Desde su primer día, Catherine y Franny son blanco de ataques sobrenaturales, calificados por George como cansancio o terrores nocturnos infantiles. A pesar de las opiniones de su esposo, Catherine, quien sufre un desorden alimenticio que la descalifica ante su pareja y su familia, se siente intrigada por la presencia que habita en la casa y, poco a poco, descubre algo que conecta la historia de todas las familias que han ocupado esa residencia: un asesinato


    Es difícil encasillar a La apariencia de las cosas en género, porque, tal como la novela en la que está basada la cinta, ésta se desenvuelve entre el misterio, el crimen, lo sobrenatural y espiritualidad. La novela que funge como base para el largometraje es All things cease to appear escrita por Elizabeth Brundage, un éxito de ventas en 2016. Su autora ha revelado en varias entrevistas que la inspiración vino directamente de su estancia en una casa embrujada en Hudson Valley, lugar de Nueva York que simboliza la columna vertebral del libro y la película.


    La película está dirigida por Shari Springer Berman y Robert Pulcini, quienes también estuvieron a cargo del guion. El trabajo de la dupla es bastante eficaz en el guion, que revela a través de breves diálogos o manierismos la personalidad de cada uno de sus personajes. Aunque haya algunos detalles que parecen no sumar demasiado a la historia, o que jamás son retomados luego de haber sido presentados, son importantes para comprender que Catherine es una católica inconforme con su vida, mientras que George es un narcisista mentiroso con problemas de ira.



    La atmósfera de La apariencia de las cosas está muy bien lograda gracias al diseño de producción y, obviamente, a las locaciones románticas (entiéndase románticas y no cursis) que proporciona el propio Hudson Valley, área de Nueva York que se caracteriza por tener un aura sobrenatural y misteriosa, donde se gestaron leyendas hoy mundialmente conocidas como la de El jinete sin cabeza. Los paisajes melancólicos y grises de Hudson Valley son terreno conocido para estos personajes: el exterior que refleja el interior.  

    Si bien la película tiene una duración de dos horas, el ritmo jamás decae porque el misterio de lo que habita en la casa de Catherine es casi palpable. Sin embargo, éste resulta ser uno más anclado en el terreno de la fe, el más allá y la concepción de los fantasmas como entes con una historia de dolor, y no con el clásico asesinato a sangre fría. Dicha afirmación se ve reforzada, tanto en la novela como en el libro, con la figura de Emanuel Swedenborg, filósofo y místico que creía en la existencia del más allá, y cuyas creencias encontramos en Catherine, quien desde el principio de la cinta se siente atraída hacia las revelaciones y postulados del filósofo en la novela Heaven and its Wonders and Hell.


    Si quisiéramos un género para encasillar a La apariencia de las cosas entonces sería un thriller con un manufacturado muy de fantasía para revelar el más allá y la fe que existe en este mundo. Y puedo adelantarme un poco a que el final no será para nada lo que ustedes esperan, pero porque justamente la idea que tiene el espectador de La apariencia de la cosas no es del todo correcta y es ahí donde yace su posible encanto.

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