Corinne Maillard es la directora del centro de detención de Chénoise, es aquella figura materna invasiva tanto para los guardias como los reclusos, pues busca ser la mano dura que a todos estos les hace falta. Sólo que su rutina cambiará para siempre cuando su hijo, con quien ya no tiene contacto, sea enviado a su centro de detención. Corinne se sorprende mucho de verlo ahí, pero intentará reconectar con él mientras este permanece en este lugar cumpliendo su condena. Corinne intentará ser esa figura autoritaria que suele ser en Chénoise, pero también ser la madre que tanto le hizo falta a su propio hijo, por lo que pasará por momentos complicados intentando asumir sus responsabilidades.