Hoy, cuando alguien dice "héroe", es fácil pensar en capas, músculos imposibles, trajes brillantes y personajes capaces de salvar planetas antes del desayuno. Superman vuelve una y otra vez a los cines como símbolo de esperanza, He-Man sigue levantando la espada como si el poder de Grayskull nunca se agotara, y la cultura popular parece empeñada en recordarnos que un héroe debe verse enorme, invencible y perfectamente iluminado.
Pero en América Latina hubo otro tipo de héroe. Uno bajito, nervioso, vestido de rojo, con antenitas de vinil y armado con un martillo de plástico llamado Chipote Chillón. El Chapulín Colorado no llegaba para imponer respeto: llegaba temblando, confundido y diciendo frases que se volvieron parte del idioma emocional de varias generaciones.
La frase de Chespirito que cambió la idea del heroísmo
En una entrevista realizada en 1987 en el programa argentino La Noticia Rebelde, Roberto Gómez Bolaños fue cuestionado sobre héroes como Superman y He-Man. Su respuesta no fue un chiste rápido ni una ocurrencia. Chespirito dijo que ellos no eran héroes, y que el verdadero héroe era el Chapulín Colorado.
Chespirito
La explicación fue mucho más profunda de lo que cualquiera esperaba en una conversación televisiva. Para Chespirito, el heroísmo no estaba en no sentir miedo, sino en superarlo. Superman y He-Man, decía, son figuras casi todopoderosas pero, en cambio, el Chapulín se muere de miedo, es torpe, débil y consciente de todas sus limitaciones. Aun así, se enfrenta al problema.
El Chapulín no salva el día porque pueda hacerlo fácilmente, sino porque intenta ayudar aunque no esté listo. No tiene la fuerza de Superman, ni la espada de He-Man, ni la oscuridad solemne de Batman. Tiene miedo y desde ahí es donde se mueve.
El Chapulín Colorado era ridículo, pero nunca cobarde
El personaje nació como una parodia de los grandes superhéroes, pero con una identidad profundamente latinoamericana. Mientras los héroes estadounidenses parecían venir de laboratorios, planetas lejanos o castillos fantásticos, el Chapulín parecía salido de cualquier casa donde alguien necesitaba ayuda y gritaba: "¿Y ahora quién podrá defenderme?".
Chespirito
Su presentación ya lo decía todo: "más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga". Era una burla cariñosa al lenguaje épico de los cómics. Chespirito entendía que no hacía falta presumir fuerza para hablar de valor. A veces bastaba aceptar que uno era débil y aun así quedarse
Los héroes también pierden
La segunda parte de la reflexión de Chespirito es todavía más dura. Para él, otra característica de los héroes era que muchas veces pierden. No siempre ganan la pelea, no siempre son reconocidos, no siempre salen en hombros. A veces sus ideas triunfan después, cuando ellos ya fueron derrotados o nadie entendió lo que estaban defendiendo.
Chespirito
Ahí el Chapulín se vuelve más que un personaje de comedia. Se convierte en una forma de mirar a las personas comunes que enfrentan problemas mucho más grandes que ellas. El maestro, la madre, el niño, el vecino, el trabajador cansado, cualquiera que se sabe limitado y aun así decide no hacerse a un lado.
Un héroe para quienes no se sienten poderosos
Décadas después, la entrevista sigue circulando porque toca algo que no envejece. Vivimos rodeados de héroes perfectos, cuerpos imposibles, historias de origen espectaculares y personajes destinados a ganar desde el primer tráiler. El Chapulín Colorado iba en dirección contraria. Era el héroe de quienes no se sienten preparados, de quienes improvisan y de quienes responden aunque les tiemblen las piernas.
Chespirito entendió algo muy simple y muy difícil: la valentía no se mide por la ausencia de miedo, sino por lo que haces cuando el miedo ya está ahí. Superman puede detener un avión. He-Man puede levantar una espada mágica. El Chapulín apenas podía controlar sus nervios, pero se presentaba con toda la valentía y el miedo.