La nostalgia de las telenovelas infantiles de los años 2000 sigue muy viva en el corazón del público mexicano, pero detrás de la magia de la pantalla chica se escondían realidades sumamente complejas. Allisson Lozz, quien se consolidó como una de las máximas promesas juveniles de la televisión nacional, rompió el silencio sobre las difíciles experiencias y los malos tratos que soportó durante sus inicios en la industria del entretenimiento.
A través de sus redes sociales, la exactriz compartió con sus seguidores los pasajes más amargos de su faceta en los sets de grabación. Lejos del glamur que los televidentes imaginaban, la presión psicológica y laboral comenzó desde que era una niña de apenas 10 años.
El Comercio Perú
El impacto psicológico tras bambalinas
Tras debutar en el reality musical Código F.A.M.A., la joven originaria de Chihuahua obtuvo su primer gran papel antagónico en la producción infantil Alegrijes y Rebujos en 2003. Fue precisamente en esta etapa donde la presión por parte de los realizadores se volvió una constante que afectó su bienestar emocional a muy temprana edad.
Recuerdo que me decían muy seguido 'nadie es indispensable' e imagínense, yo de 10, 11 años y escuchar todo el tiempo que yo no era requerida y que en cualquier momento me podían sustituir,
confesó con crudeza. Además del desgaste mental, Lozz reveló que existía una enorme disparidad económica, pues recibía apenas una fracción del sueldo de otros actores del elenco a pesar de tener una carga de trabajo extenuante que incluía acudir los fines de semana.
Gritos, desatención y la protección de su mánager
La protagonista de En nombre del amor detalló que los entornos laborales de la época solían tornarse hostiles cuando reportaba algún malestar físico. Según sus declaraciones, llegó a recibir gritos y reclamos desmedidos por parte del personal de producción en momentos donde se encontraba enferma.
Las Estrellas
Afortunadamente, Lozz aclaró que nunca sufrió ningún tipo de abuso sexual, reconociendo abiertamente la invaluable protección que le brindó su mánager, Karina Leija, durante esos seis años de trayectoria en la pantalla chica. Ella se encargaba de acompañarla a las oficinas y de frenar cualquier conducta inapropiada por parte de los adultos a cargo.
Un adiós definitivo a los reflectores de la televisión
A pesar de haber vivido una grata experiencia a los 16 años durante las grabaciones de Al diablo con los guapos, las presiones acumuladas en la industria terminaron por pasarle factura. Fue durante el rodaje de su último melodrama que decidió poner un límite definitivo y retirarse para siempre de los foros de grabación.
Hoy en día, la exactriz se encuentra completamente alejada de la farándula, dedicada por entero a su familia, a sus dos hijas y a sus proyectos como empresaria en un entorno de paz. Su testimonio expone la urgente necesidad de revisar las condiciones de trabajo y la protección de los derechos de los infantes en la televisión.