Francis Ford Coppola pidió disculpas a todos, no desde el fracaso, sino desde la conciencia histórica. Sabe que su decisión tuvo consecuencias que se le escaparon de las manos.
Hablar de Francis Ford Coppola es hablar de uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. El director no solo estuvo a cargo de películas memorables, sino que cambió para siempre la manera de contar historias en Hollywood. Su filmografía está marcada por auténticas obras de arte, como Apocalipsis ahora, La conversación o Drácula de Bram Stoker. Todas son distintas entre sí, pero están unidas por una visión autoral inconfundible.
Coppola siempre fue "un director incómodo" para los estudios. Detestaba que le impusieran reglas y desconfiaba profundamente en las secuelas hechas solo por dinero. Para él, el cine debía tener una razón creativa para existir. Por eso resulta especialmente irónico que terminara siendo el responsable de una de las tendencias más normalizadas de la industria moderna.
Cuando una obra maestra cambió las reglas
A principios de los años setenta, con El Padrino, Coppola ya había dejado una huella imborrable en el séptimo arte. El éxito fue enorme, pero también la presión de los estudios. Paramount y el público querían más pero él no estaba cien por ciento convencido. De hecho, su primera reacción fue negarse rotundamente a volver a ese universo criminal que ya había llevado a la perfección.
Tan fuerte era su rechazo inicial que incluso propuso a Martin Scorsese para continuar la historia. En Paramount Studios querían a Coppola, y ante esa presión, el director decidió protegerse de una forma muy peculiar, imponiendo condiciones que creyó que el estudio no aprobaría, pero terminó haciéndolo.
La primera fue un salario de un millón de dólares, una cifra descomunal para la época. La segunda, y la más importante, fue exigir que el título incluyera explícitamente "Parte II". Coppola estaba convencido de que eso decepcionaría a Paramount. Pensaba que nadie querría una secuela numerada que sonaría comercial.
El nacimiento de una tendencia imparable
Pero ocurrió lo impensable: Paramount aceptó todo. Años después, el propio Coppola reflexionó sobre ese momento con una honestidad brutal. "Así que soy el idiota que puso las cifras de las películas. Estoy avergonzado y pido disculpas a todos", contó.
Lo que Coppola veía como una barrera terminó convirtiéndose en una puerta abierta. A partir de ese momento, numerar películas se volvió algo normal, incluso esperado. Sin proponérselo, Coppola ayudó a legitimar una práctica que hoy domina Hollywood.
Por supuesto, la ironía es evidente: una de las secuelas más artísticas, complejas y arriesgadas de la historia del cine fue la que allanó el camino para una avalancha de continuaciones hechas sin el mismo cuidado. Coppola nunca quiso iniciar esa tendencia pero el éxito arrollador de la película hizo imposible volver atrás.