Esta no es una película para cualquier día. Es para esos momentos en los que sientes que necesitas parar, respirar y poner en orden lo que llevas dentro.
Hay películas que no buscan entretenerte a toda costa. No van con prisa, no levantan la voz, ni te dicen qué pensar. Simplemente se sientan contigo, te miran de frente, y sin que te des cuenta, empiezan a hacerte preguntas incómodas. Esas cintas son las que normalmente evitas cuando vas en piloto automático porque te hace cuestionarte si estás donde quieres estar, si tomaste las decisiones correctas y por qué sientes que llegaste tarde a tu propia vida.
Entre el ruido constante del streaming, donde todo parece diseñado para distraer, hay historias que funcionan casi como una sesión de terapia. No porque tengan respuestas claras, sino porque ponen en palabras e imágenes ese desorden interno que cuesta tanto explicar. Lo más curioso es que muchas veces esas películas no son las más promocionadas ni las más vistas. Y una está escondida en Prime Video, esperando el momento adecuada para verla.
La película que se siente como mirarte al espejo
La cinta es La peor persona del mundo, una obra dirigida por Joachim Trier que se convirtió en una de las películas más comentadas y queridas de los últimos años. Dura poco más de dos horas, pero sin exagerar, puede sentirse como una conversación honesta contigo mismo.
La historia sigue cuatro años en la vida de Julie, interpretada por Renate Reinsve, una joven a punto de cumplir treinta que atraviesa una crisis existencial profunda. Julie es talentosa, sensible, curiosa y aun así siente que nada termina de cuajar. Ha cambiado de estudios, de intereses, de sueños, como si siempre estuviera buscando algo que no sabe nombrar.
Amar, elegir y dejar ir
Julie mantiene una relación con Aksel, un exitoso novelista gráfico que parece tener la vida mucho más clara. Él quiere estabilidad, planes a largo plazo y certeza. Ella, en cambio, siente que algo se le escapa entre las manos. Una noche, en una fiesta, conoce a Eivind, un joven encantador que representa una posibilidad distinta, una vida alternativa que parece más ligera y más libre.
Ese encuentro lo cambia todo. Julie rompe con Aksel y se lanza a una nueva relación con la esperanza de encontrar su lugar en el mundo. Pero la película es honesta: cambiar de camino no siempre significa empezar de cero. Algunas decisiones llegan tarde. Otras cierran puertas para siempre. Pero sobre todo, no hay vuelta atrás, solo aprendizaje.
Sin villanos, solo personas confundidas
Uno de los grandes aciertos de La peor persona del mundo es que no juzga a sus personajes. Nadie es el malo y nadie tiene la razón absoluta. Todos están intentando hacer lo mejor que pueden con la información emocional que tienen en ese momento. Y eso la vuelve dolorosamente real.
La peor persona del mundo no es una película para animarte. Es una película para entenderte. Para aceptar que crecer no es una línea recta y que perderse también es una forma de avanzar. Hay escenas que te sacan una sonrisa amarga y otras que duelen más de lo que esperabas. Pero todas tienen algo en común: se sienten auténticas.