Si te gusta la ciencia ficción seria, ambiciosa y visualmente desbordante, esta es una cita obligatoria.
La ciencia ficción siempre ha sido ambiciosa. Sueña en grande, imagina mundos imposibles y plantea conflictos que van más allá de nuestro tiempo. Pero muy pocas películas logran algo verdaderamente raro: sentirse gigantes. No solo por su historia, sino por cómo ocupan el espacio, cómo usan el silencio y cómo hacen que cada plano parezca diseñado para aplastarte emocionalmente desde la butaca.
En los últimos años hemos visto muchos intentos de épica futurista. Algunos ruidosos, otros visualmente saturados, varios olvidables. Pero de vez en cuando aparece una película que no tiene prisa, que confía en su atmósfera y que te exige algo muy claro: atención absoluta. Nada de verla en el celular y nada de tenerla de fondo: es cine que se impone.
La experiencia cinematográfica que Max tiene ahora mismo
La película es Dune: Parte 2, la continuación directa del ambicioso proyecto de Denis Villeneuve. Con un 92 por cinento de aprobación, la cinta se consolidó rápidamente como uno de los grandes eventos cinematográficos recientes y ahora puede verse en Max, aunque claramente fue pensada para una sala IMAX.
Tras los eventos de la primera parte, Paul Atreides se adentra por completo en el desierto de Arrakis, aliándose con los Fremen mientras su figura comienza a adquirir tintes casi míticos. La amenaza de la Casa Harkonnen sigue presente y la guerra, ahora sí, se vuelve inevitable.
Una secuela que no se conforma con repetir
Lo fácil habría sido hacer más de lo mismo. Dune: Parte 2 hace lo contrario. Es más oscura, más intensa y mucho más emocional. La película profundiza en las consecuencias del poder y en lo peligroso que puede ser creer demasiado en una profecía.
Visualmente, es apabullante. Villeneuve lleva el diseño de producción, la fotografía y el sonido a otro nivel. El desierto no es solo un escenario: es un personaje más. Cada aparición de los gusanos de arena es un recordatorio de lo pequeños que son los humanos frente a ese mundo.
¿Por qué verla en la pantalla más grande posible?
Porque está hecha para eso. Para envolverte y para que el sonido te atraviese. Para que los planos abiertos te hagan sentir diminuto. Verla en una pantalla pequeña es posible pero es perder una parte esencial de la experiencia.
Dune: Parte 2 no es solo una película para ver. Es una película para sentir.